Economista y profesor, vendió dos millones de ejemplares de La buena suerte, su anterior libro escrito junto a Álex Rovira. Con El vendedor de tiempo, ha vuelto a lograr un enorme éxito editorial con la divertida historia de un pobre hombre que hace quebrar el sistema financiero vendiéndonos tiempo que nos falta.
- Si hay un vendedor de tiempo debe de ser porque existen compradores.
- En mi novela hay compradores de tiempo porque están intentando recuperar un tiempo del cual ya se han desprendido. En el momento en que uno nace, con la vida ya recibe el tiempo, es como una promoción, ¿no? Pero luego, cuando entras en la rueda del sistema, parte de lo que ya realizamos es una venta de tiempo, toda una serie de compromisos que, bueno, es lógico, no lo critico, el hombre tiende al intercambio, eso es parte de las reglas del juego. Lo que pasa es que esa venta a veces es excesiva. Es en ese punto donde aparecen los compradores de tiempo.
- Cuando decimos eso de 'no tengo tiempo para nada', ¿estamos ante una mala organización de nuestra vida?
- Pues mire, he escrito un libro de relatos muy breves, tipo aforismos. Uno de ellos dice: 'Érase una vez un hombre que se quejaba de que nunca tenía tiempo y eso enojó mucho a sus minutos porque ellos hubieran jurado que duraban como los de los demás'. Es decir, al final tus minutos son igual que los míos. La carencia de tiempo depende de cómo te organices y de las prioridades que te pongas. Y muchas veces lo que hay detrás es la dificultad de muchas personas a decir no a otras cosas.
- ¿Y esas personas que con su tiempo hacen tantas cosas cada día que marea sólo pensarlo? ¿Cómo lo consiguen, compran tiempo?
- Estas personas que abarcan tanto se debe a que en el fondo no lo hacen bien o que realmente son personas muy capaces. Lo que pasa es que el número de tareas que hay que hacer ahora al día, con las telecomunicaciones, con la eficiencia que permiten el correo electrónico, el teléfono móvil o los sms; es como si al individuo se le exigiera un número de tareas mucho más breves, pero más numerosas a lo largo del día. Y eso creo que va a ser parte del modus vivendi de este siglo.
- Según usted, si se pusieran en fila todos los años que las familias españolas están endeudadas retrocederíamos 38 millones de años.
- Y llegaríamos al Paleolítico. Pero además estos datos son sólo de la deuda acumulada desde el 2000 hasta aquí.
- ¿Y le parece educado contarnos estas cosas?
- Al menos nos reímos todos, aunque detrás del humor hay también mucho dolor. Yo estoy ahí también, tengo mi hipoteca a 35 años como todo hijo de vecino y creo que es bueno darse cuenta de estas cosas. Tampoco hace falta que nos peguemos un tiro, pero exige reflexionar. Es como todo, endeudarse no es malo, contribuye a ser un motor de la economía y te permite acceder a una vivienda que de otra forma no podrías tener. El tema es hasta qué punto, es como todo en la vida, las cosas deben tener un equilibrio y en el tema hipotecario lo que se está exigiendo al individuo es excesivo.
- ¿Las hipotecas son nuestro gran cobrador de tiempo?
- Absolutamente, es una venta de tiempo brutal. Es un compromiso temporal que te minimiza totalmente la movilidad laboral y geográfica. Claro que hay que trabajar, pero otra cosas es este lastre. Ahora cuando ves a un amigo que se acaba de comprar una casa parece que le ha caído una condena.
- En el mundo de la economía el humor no está bien visto.
- De acuerdo. Tenemos que cambiar eso. Este libro se subtitula Una sátira al sistema económico. El humor me parece un vehículo bestial tanto para canalizar el dolor o la denuncia. Saber utilizarlo para comunicar una realidad demasiado sangrante, como es esa excesiva venta de tiempo del individuo al sistema, es un buen tono. Ya que no lo podemos cambiar, al menos nos reímos.
- ¿El dinero es una bendición o una condena?
- Es como todo en la vida. Como el talento, como el amor, el sexo. Lo puedes convertir en una cosa necesaria y saludable, pero se te puede volver muy en contra. El dinero se define en economía como un modo de cambio y deposito de valor. Entonces, bueno, cuánto quieres intercambiar y cuánto valor quieres atesorar. No hay nada más detrás. La definición es muy fría, el problema es qué uso hacemos de eso luego. El dinero es reflejo de lo que es el individuo o la sociedad. En los campos de concentración el dinero eran los cigarrillos.
- ¿Que le pareció recibir una llamada desde San Sebastián diciéndole que querían montar un musical con 'El vendedor de tiempo'?
- Me hizo una ilusión enorme porque este libro lo concebí como una novela, como un libro de economía-ficción. Pero al editarla en el sello de Narrativa empresarial se vio como un pseudo ensayo y yo siempre estuve en desacuerdo. Por eso la llamada de Ados Teatro fue la confirmación de que detrás de mi obra había una trama argumental más cercana a la novela que al ensayo. Y me hizo mucha ilusión poder ver en escena lo que uno ha imaginado a solas. Es una manera de compartir la realidad.
- ¿Le gustan los musicales?
- Me gusta la música, aunque dentro del teatro no son los musicales lo que más me interesa. Lo que pasa es que lo que ha hecho Garbi Losada va más allá del musical, donde normalmente la música interrumpe la acción. Pero lo que han conseguido es que la música forme parte de la acción, con canciones muy breves, un rap, algún baile, pero por lo que he visto en el texto ya adaptado, creo que Garbi con su originalidad habitual ha hecho una cosa diferente y me parece que nos va a sorprender a todos.
- Les ha dado un cheque en blanco para la adaptación. ¿No habrá sido para no perder el tiempo?
- No, no, jajaja. Lo que pasa es que yo soy escritor, pero yo no sé de teatro. Y cualquier comentario o recomendación mía podría haber ido en contra del trabajo teatral, así que zapatero a tus zapatos. Además, Garbi ha sido muy fiel a la historia, a la esencia y la filosofía que hay detrás. Ha hecho un trabajo sensacional.