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| CRONOLOGÍA |
Finales de 2002: Un canal de televisión estadounidense difunde fotos tomadas por un satélite de dos instalaciones nucleares iraníes desconocidas hasta entonces, Arak y Natanz. Teherán aceptó entonces las inspecciones de los expertos del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).
2003
Febrero: El presidente de Irán, Mohamed Jatamí, asegura que su país producirá su propio combustible nuclear para su programa atómico civil. El OIEA comienza a supervisar las instalaciones nucleares.
Junio: El director general del OIEA, Mohamed El Baradei, dice que Irán ha mantenido aspectos de su programa nuclear en secreto.
Octubre: Irán acepta suscribir el Protocolo Adicional del TNP y accede a cooperar de forma total con el OIEA, suspendiendo el enriquecimiento de uranio.
Noviembre: El OIEA señala que Irán reconoce haber producido pequeñas cantidades de uranio altamente enriquecido, hasta un nivel para alimentar armas nucleares. Pero no hay pruebas de que tenga intención de construir bombas atómicas.
Diciembre: Irán firma la adhesión al Protocolo Adicional de TNP.
2004
Febrero: Distintas fuentes sostienen que el padre de la bomba atómica paquistaní, Abdul Qadeer Khan, ha entregado tecnología y conocimientos nucleares a Irán .
Septiembre: EE UU pide que se apliquen sanciones a Irán por su programa nuclear.
Noviembre: El UE-3 logra que Teherán acepte suspender durante el proceso negociador el enriquecimiento de uranio.
2005
Abril: Irán anuncia que pondrá en funcionamiento la conversión de uranio en la central de Isfahán.
Junio: El ultraconservador Mahmud Ahmadineyad gana las presidenciales en Irán .
Julio: Irán reitera que cuenta con el derecho inalienable para un programa nuclear pacífico.
Agosto: Irán anuncia que pondrá en funcionamiento parte del proceso de conversión de uranio en Isfahán y rechaza como inaceptable el plan de incentivos económicos propuesto por el UE-3.
Septiembre: La Junta de Gobernadores del OIEA constata en una resolución que Irán ha violado en el pasado sus obligaciones de salvaguardas internacionales. Eso requiere una denuncia ante el Consejo de Seguridad.
2006
9/10 de enero: Irán rompe los precintos de tres instalaciones nucleares para iniciar trabajos de «investigación nuclear».
4 de febrero: la Junta del OIEA adopta una resolución con la que remite el informe de Irán al Consejo, con el apoyo de 27 países de la ejecutiva, cinco abstenciones y el rechazo de Venezuela, Cuba y Siria.
14 febrero: Irán confirma que ha reanudado las actividades nucleares en la planta de Natanz.
2 marzo: Irán rechaza la propuesta rusa de enriquecer uranio fuera de su territorio.
30 marzo: Los cinco miembros permanentes del Consejo más Alemania apremian a Irán para que ceda en sus pretensiones.
9 abril: Irán reitera su derecho a poseer tecnología nuclear. |
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Pocas veces un pronóstico político había sido tan unánime como el divulgado sobre lo que diría sobre Irán y su programa nuclear Mohamed ElBaradei: Teherán no solo no ha detenido completa y duraderamente el enriquecimiento de uranio, sino que ha acelerado su plan, defiende enérgicamente su derecho a proseguirlo y sugiere que abandonará el Tratado de No Proliferación si se le somete a injustas sanciones.
También se preveía que, con su probidad habitual, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) reconocería no haber encontrado pruebas de que el programa oficial iraní encubra otro secreto de naturaleza nuclear. No hay a la vista pistola humeante alguna aunque, por vez primera de modo claro, acepta la posibilidad de que el país haya importado clandestinamente plutonio y se queja de falta de cooperación total del gobierno iraní con sus inspectores.
El Consejo de Seguridad recibió una copia del informe y se limitó a examinarlo en un nivel ordinario antes de los próximos pasos de los cinco miembros permanentes (más Alemania): una reunión el miércoles en París a nivel de directores políticos (subsecretarios) de Exteriores y, tal vez, una sesión ministerial en Nueva York el próximo día 9, propuesta por Washington. Queda tiempo antes de que el Consejo de Seguridad se vuelque sobre el asunto.
Los norteamericanos, persuadidos como todo el mundo de que el informe no haría sino confirmar lo obvio, han endurecido el tono en los últimos días. El número tres del Departamento de Estado, Nicholas Burns, y la propia Secretaria, Condoleezza Rice, creen llegado el momento de que se sopesen sanciones y jalean la tesis, de viejo perfume iraquí, de que si el Consejo no toma las medidas adecuadas perderá credibilidad y sin una señal fuerte sería irrelevante.
La verdadera novedad es que se ha confirmado que la posición iraní es, o parece ser, inamovible y que las reiteradas declaraciones del presidente Ahmadineyad traducen una voluntad política servida por un diseño que no evita, sino que fomenta, el enfrentamiento. Rusia y China, hostiles a las sanciones y deseosos de ayudar a Teherán, tendrán dificultades.
Mientras, desde el Gobierno británico dicen, para descolgarse de una aventura militar, que «Irán no es IraK» y es verdad. Pero también lo es a la hora de examinar o defender la crítica posición adoptada por el régimen iraní.