¿Qué es mejor/peor pagar a un amante o acostarte con el novio de una amiga? Es la pregunta que Neus Arqués se hace en la página interactiva de internet abierta con motivo de la publicación de su libro Un hombre de pago. Su protagonista es una mujer que contrata a un gigoló. «Los hombres están descolocados», dice. «Que una mujer pague por sexo era hasta hace poco algo inaudito».
- Sostiene que las mujeres, en cierta época de su vida, se vuelven invisibles. ¿A qué se refiere?
- Me refiero a esa edad en la que entramos las mujeres. La situaría después de los 40 años. Ya no somos atractivas según unos roles sociales. Y, por lo tanto, los hombres no nos miran.
- ¿Hay que dejar de desear que los hombres nos miren? ¿Hay que aceptarlo? ¿Hay que ponerse guapa?
- Las mujeres deberíamos ser nuestra propia referencia. No deberíamos necesitar la mirada exterior para querernos. Pero no nos han educado así.
- ¿Qué les ocurre a los hombres? ¿No se vuelven invisibles?
- No en la misma medida. Vemos cada vez más hombres mayores con mujeres jóvenes a su lado, pero resulta casi impensable ver a una mujer de cierta edad con un hombre joven.
- ¿No empezaba esto a cambiar?
- Empieza. Pero no en niveles proporcionales.
- Las ofertas de sexo en los periódicos están mayoritariamente destinadas a hombres. ¿Empieza a haber sexo para las mujeres?
- Creo que cada vez hay más. Las proporciones no son comparables, pero la oferta para mujeres crece, tanto la que se manifiesta en los periódicos como en internet.
- ¿Cómo es la mujer que acude a un gigoló?
- El único perfil de clienta que me interesa es el de la mujer que se vuelve invisible. Retrato a una mujer que se ve obligada a recurrir a este servicio porque no encuentra una alternativa. Lo que ella demanda no es tanto sexo de pago como compañía.
- El sexo de pago. ¿En qué circunstancias lo usan las mujeres?
- Lo que quiero con la novela es iniciar un debate sobre mujeres de determinada edad que no son como nuestras madres. Tienen más autonomía financiera, poder profesional y, sin embargo, continúan pensando que la figura masculina es esencial para realizarse. Para documentarme recurrí a dos mujeres que habían contratado a un gigoló.
- ¿Y por qué lo hicieron?
- La invisibilidad les llevó allí. Les costaba mucho relacionarse con hombres que las miraran. Nadie las veía. Entonces dicen: 'Seamos ejecutivos'.
- Perdón...
- Sí. Seamos prácticos.
- El sexo de pago, ¿cuándo, cómo, por qué?
- A la protagonista de mi novela le viene bien, de modo transitorio, para salir de esta fase de invisibilidad que le pesa tanto. Pero ella comete el error de enamorarse de su acompañante.
- ¿Por qué el sexo de pago era hasta ahora sólo para los hombres?
- Porque las mujeres eran hace un tiempo más invisibles aún. La oferta aparece en un momento en que las mujeres ocupan puestos de responsabilidad, tienen autonomía económica y pueden buscar nuevas fórmulas para sus necesidades.
- Hay oferta porque hay demanda.
- Hay un nuevo perfil de mujer. Y también hay un nuevo perfil de hombre.
- ¿Cómo son los nuevos hombres?
- Es como un baile. Los dos géneros nos estamos moviendo. Y ambos estamos un poco confundidos.
- La compra de sexo, ¿es un parcheo a la espera de tiempos mejores?
- El balance lo hace cada uno. No es más que una opción. Para una mujer puede ser útil y otra ni siquiera se lo planteará, porque le produce repugnancia.
- A su blog se asoman muchos hombres. Sienten curiosidad y nerviosismo, dice usted.
- La situación es nueva. Hasta ahora que una mujer pagara por sexo era algo inaudito. Los hombres que escriben en mi blog están bastante descolocados.
- Necesitan tiempo y debate para resituarse...
- Creo que sí. Si lo que quieren es debatir me parece perfecto. Es lo que tenemos que hacer, porque aquello de lo que no hablamos no existe. Y no lo podemos resolver.
- Las mujeres siguen sin separar sexo y amor, dice usted. ¿Naturaleza o educación?
- Hay estudios que dicen que hay un componente genético-hormonal. Yo también creo que hay otro educativo.
- Tal vez seamos la avanzadilla...
- Cuando nos liberemos de la necesidad de ser visibles, de ser queridas, habremos tomado mejor las riendas de nuestra vida, porque no dependeremos de la mirada externa.
- Las mujeres deben valorarse por sí mismas.
- En El síndrome de Mari Pili, de Carmen García-Rivas, se dice algo que comparto totalmente. Las mujeres queremos que nos quieran. Y los hombres, que les teman. A nivel primario. Y generalizando.
- Las clientas con las que habló, ¿estaban satisfechas con su gigoló?
- Se sintieron libres, aprendieron nuevas técnicas sexuales y, sobre todo, ganaron en seguridad. Pero ambas lo consideraban una situación puntual.
- Además resulta caro...
- Una lectora me ha informado de que las salidas, que incluyen la cena o algún espectáculo, están ya por los 1.200 euros.