Viernes, 28 de abril de 2006
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SAN SEBASTIÁN
LA CALLE DE LA MEMORIA
LA CALLE DE LA MEMORIA/ 1969. Una cascada artificial para la isla de Santa Clara
LA CALLE DE LA MEMORIA/ 1969. Una cascada artificial para la isla de Santa Clara
El embarcadero de la isla, que siempre ha despertado la imaginación de los donostiarras.
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La tenemos ahí enfrente, a la vista, tan cerca aunque tan lejos, y se nos despierta la imaginación. La isla de Santa Clara ha sido objeto de numerosos proyectos, ideas y sueños a lo largo de su historia, que, quizás afortunadamente, no se han llevado a la realidad.

En EL DIARIO VASCO de hoy hace 37 años se informaba sobre el fallo del concurso de ideas convocado por el Centro de Atracción y Turismo con el objetivo de mejorar los atractivos de la isla.

Pero antes de aquel concurso oficial, muchos proyectos donostiarras habían querido modificar la imagen de la isla. Fermín Muñoz Echabeguren recoge en el libro San Sebastián. La historia desconocida la posibilidad de crear allí un área de recreo, en 1870, construir chalets (1887), comunicarlo con un ferrocarril desde El Antiguo (1894), ahí es nada, o levantar en la isla un aparatoso monumento a la reina María Cristina (1913).

Al concurso de 1969 se presentaron cuarenta propuestas. El jurado que presidió José María Pidal acordó conceder dos primeros premios y dos segundos. Uno de los proyectos premiados en primer lugar era el desarrollado por Juan María Aguirre, que «propone y resuelve técnicamente la creación de una playa en la zona oeste; piscina, en la zona sur, y la creación de un embarcadero, en el sector este».

Más llamativo que este tres en uno era el otro máximo galardón, obtenido por José Julián Merino por su propuesta de «situar en la parte este una estatua de Santa Clara, y una enorme cascada, de setenta metros de altura, en el mismo sector, que lance un chorro de agua a las doce del mediodía».

Además de aquella instalación acuática con chorrito y supercascada, el proyecto incluía aspectos como la «construcción de embarcadero y solarium sobre pontones flotantes» y la «creación de una 'playa hawaiana'», que no está muy claro qué era pero sonaba de maravilla.

También eran interesantes las dos ideas distinguidas con segundos premios. «Una original fuente en el panel frontal de la isla cara a la Concha, que señale las horas» era la propuesta, desde luego original, de Tomás Alvarez de Eulate.

Por su parte, Juan Antonio Berasategui soñaba con formar «una amplia playa», lo que, como se apuntaba en DV, «tiene sus dificultades por el mucho fondo allí existente».



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