Jueves, 27 de abril de 2006
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CULTURA
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ANÁLISIS POR Iñaki Zarata. Forever you
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Hay una buena biografía del cantante de Minnesota que se tituló, bastantes años ha, Oh no, otro libro sobre Bob Dylan. Y más de un lector habrá pensado: «Oh no, otra vez el guiño al titulito de Eternamente joven». La vida suele rodearse de demasiadas actividades mecánicas, rutinarias. Y el mundo de la fama, en general, de excesivos tópicos.

Pero el tópico suele esconder muchas veces algo de real. Recordar que un señor de 66 años que gira incansablemente por los escenarios del mundo en su Never Ending Tour resume en el himno Forever Young lo mejor de la vitalidad creativa del rock, no es baladí sino definitivamente saludable.

Es Dylan un creador que despuntó casi chaval como personalmente original, inquietamente rebelde, angustiosamente independiente. Y se agradece que los mil avatares afectivos y familiares, ideológicos, o de fama y negocios, no hayan enturbiado su eterno espíritu creativo, capaz de remodelar cada noche una misma vieja canción, casi hasta el infinito. Medio siglo de exigente dignidad creativa, como confiesa con desnuda sinceridad en el primer tomo de sus triples memorias.

La publicación británica Uncut invirtió el esfuerzo de un año para indagar entre personalidades de la industria musical y del cine sobre «la obra artística que más cambió al mundo» en los últimos 50 años. Y el sondeo dio como resultado la canción de Dylan Like a Rolling Stone.

Es, obviamente, una exageración, pero refleja la extraordinaria influencia de un hombre que consiguió emocionar al mundo entero con su particular manera de contar originales historias, con la simple ayuda de los acordes de guitarra y el ronroneo gutural de su correosa voz.



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