SAN SEBASTIÁN. DV. La asamblea del fútbol guipuzcoano del próximo mes de julio tendrá que clarificar la postura mayoritaria de nuestro fútbol en el conflicto del fútbol base. Si las cosas no cambian mucho en los dos próximos meses será una asamblea difícil, que puede sellar la fractura del fútbol en Gipuzkoa.
El escenario no es ahora el de una guerra con la Diputación como consecuencia de las restricciones impuestas al fútbol desde que a alguien se le ocurrió organizar el deporte escolar contra el deporte de competición en general y muy especialmente contra el fútbol. El nuevo frente de batalla se establece entre la Federación, presidida por Juan Luis Larrea, que cuenta aparentemente con mayoría en la asamblea, y la Real Sociedad, que dispone de la confianza de Diputación.
La asamblea informativa del pasado lunes se convirtió en una encerrona para los dos representantes del Consejo de la Real, Roberto Galarraga y Gorka Leunda. Hubo momentos en los que aquello parecía un ajuste de cuentas. Mal síntoma. El presidente Larrea reclamó una votación final, que era probablemente el principal objetivo de la asamblea.
Esa votación demostró que el modelo de la Real de competiciones cerradas, unos en el fútbol de rendimiento y otros en el de entretenimiento, no cuenta con tantos apoyos como ella misma proclama, en función de los clubes que han firmado el boletín de enganche a su modelo.
En cualquier caso, lo que está claro es que las relaciones entre Federación y Real se han envenenado más allá de que Larrea y su equipo defiendan la conveniencia de mantener la libre inscripción y los ascensos y descensos en las categorías inferiores.
De hecho, la Real admite que se establezca una fórmula para que un club se pueda incorporar al fútbol de rendimiento en determinadas circunstancias, mientras que la Federación pone tales límites a la libre inscripción que a la hora de la verdad la dejan prácticamente cerrada. Las diferencias son matices. pero ni unos ni otros parecen dispuestos a ceder.
Riesgos del modelo
El modelo que ha presentado la Real encierra factores de inseguridad para el futuro de la cantera guipuzcoana mucho más allá de que la inscripción en cada categoría sea libre o no. Pero el punto de fricción es ése. A nadie parece preocuparle si así se van a formar más y mejores jugadores, cómo se va a pagar ese modelo o cómo se va a proteger a los chavales que no recalen en Zubieta.
El nuevo foco del conflicto, ahora situado dentro del fútbol guipuzcoano, ha permitido a la Diputación, primer responsable de esta larga pelea, situarse en una posición mucho más cómoda. Se limitan a apoyar el proyecto de la Real sin que se entienda demasiado bien dónde ven la diferencia entre un proyecto y el otro, más allá de la simpatía que despierten los correspondientes impulsores.
Ni a la Real ni a la Federación parece preocuparles que su mutua intransigencia, a más de uno nos parecen tan responsables unos como otros, divida al fútbol en Gipuzkoa. En Diputación se les ve más bien satisfechos. En fin, un drama.