Las principales voces contrarias a la repoblación de osos en el Pirineo se concentran en la asociación para salvaguardar el patrimonio de Ariège-Pyrénées, la zona en la que se inscribe Arbas. Consideran evidente que los osos eslovenos se han aclimatado sin problemas a la montaña pirenaica porque tienen de qué alimentarse: sus rebaños.
Al otro lado de la frontera está la Asociación de Entidades Locales del Pirineo Aragonés que considera que el plan de reintroducción del oso promovido por el Gobierno Central, de la mano del Ejecutivo galo, provocará «importantes» pérdidas económicas en los municipios de los valles pirenaicos. Aseguran que la suelta de osos eslovenos perjudicará a la ganadería, al desarrollo turístico y afectará al acceso y explotación de los bosques habitados por esta especie. Además creen que esta especie reúne características «ciertamente peligrosas», un dato que se desmienten tanto las autoridades francesas y españolas.