La ciudad ya no es lo que era. En las últimas décadas nuestro modelo territorial ha sufrido una evolución importante, pasando de un modelo urbano de áreas compactas, de centros definidos y carácter autónomo, a un modelo de ciudad difusa, dispersa, disgregada. En los últimos tiempos se ha abordado la planificación de la realidad territorial por cauces que han derivado en un consumo constante y acelerado del suelo, que tiene lugar como si el espacio no urbanizado fuera un recurso ilimitado y con una capacidad de carga infinita. El resultado no es otro que un impacto negativo sobre el medio y los recursos naturales, así como la destrucción de los paisajes.
Ahora se habla de ciudad de ciudades, un modelo de planificación territorial que también acarrea consecuencias directas en las relaciones humanas de las personas que habitan en ellas, en su calidad de vida. Esta nueva forma de estructurar el espacio conlleva también desarraigo social, en tanto en cuanto la historia de cada lugar también se difumina en esta red de redes en la que se encuentra inmerso el mundo civilizado. Los ciudadanos van perdiendo el sentido de pertenencia a un entorno determinado a causa de este modelo que influye directamente en aspectos culturales, educacionales y lingüísticos.