He leído con interés el artículo que Pa-txi Izaguirre escribió el pasado sábado. Es sin duda un homenaje a los padres de los jóvenes y un recuerdo emocionado a los chicos que perdieron la vida en la carretera hace ahora un año. Seguro que habrá gustado a sus familiares y amigos.
Soy la madre de Laura. Mi hija también falleció víctima de un accidente de tráfico. Me he decidido a escribir porque quiero agradecer a Patxi su empatía con los padres de Aitor, Ane, Amaia y Mikel. Yo no los conozco, pero seguro que a ellos la carta le habrá llegado muy cerca. También quiero decir que es cierto, es muy importante reunirse con padres y madres que se encuentran en circunstancias similares a las nuestras.
Mi hija falleció el 16 de enero del 2003 y desde entonces, tanto mi marido como yo, hemos compartido nuestros sentimientos más sinceros con muchos padres y tenemos que agradecerles a todos ellos sus manos tendidas cuando nos ha hecho falta. Pertenecemos a un grupo de padres que nos reunimos en San Sebastián cada 15 días, solemos decir que estamos unidos por hilos de oro invisibles, nos damos fuerzas mutuamente para encontrar la línea del tiempo que se interrumpió el día que nuestros hijos fallecieron marcando un antes y un después para seguir desde el ahora. Nuestro objetivo (y esto los padres de hijos fallecidos lo entenderán) es volver a encontrar a nuestros hijos con nosotros y junto a ellos continuar. No me extiendo más, sólo quiero dar mi testimonio como madre y decirte que entendemos lo que dices. Gracias Pa-txi.