H an pasado diez años desde que compartían un local en Egia con otros grupos. Han pasado muchísimas cosas en sus vidas, y un buen puñado de países bajo sus pies. No digamos nada de la cantidad de discos vendidos y bañados en oro, y todas esas cosas que enarbolan quienes prefieren las estadísticas que la música. Pero ellos apenas han cambiado. Es ya un tópico, y quizás tampoco signifique nada, pero siguen siendo los chicos normales de siempre, casi asombrados de que les haya ocurrido todo esto, y sin siquiera creerse que lo que ofrecen sea algo excepcional.
Aparece por fin su nuevo disco, del que hemos seguido en estos papeles su gestación con cierto detalle, primero en el momento en que se retrasó de pronto su salida, y después con la primera escucha para todos los directivos de Sony en Europa. Entonces confirmamos que La Oreja de Van Gogh es un caso curioso: son parte de un engranaje enorme, en el que se incluyen cosas tan surrealistas como un coche que lleva el nombre del disco, o el lanzamiento previo para móvil (lo más moderno). Pero ellos parecen tener el control de lo que les interesa: que les dejen ir a su aire. O sea, son la gran esperanza de la multinacional y disfrutan de que su disco se pueda comprar hoy en todo el planeta, pero al mismo tiempo piden un guiño de complicidad al oyente, dejar de lado toda esa fanfarria publicitaria y que la gente escuche relajadamente y con detenimiento su Guapa. O sea, no en tu móvil.
Quieren mostrar una madurez, y se reconocen como «una familia». En lo bueno y en lo malo, se entiende. En estos años han afrontado con calma algunos malos tragos: desde el rumor tontuelo de que Amaia salía con Dani Martín, al más perverso (y ridículo) de que eran defensores de ETA, o la sorpresa de ser nombrados y destituidos al mismo tiempo del Tambor de Oro. O la eterna predicción de que Amaia se irá un día en solitario. Ahora se ha hablado de que el disco se retrasó porque estaban a punto de separarse. Hay quien ha esgrimido como prueba que Pablo no quiso sujetar a Amaia su bolso de Vuitton. Tela. Ellos, de nuevo, con mucha calma, zanjan por la vía de la normalidad: hasta en las mejores familias hay nervios y broncas. Pero no más.