MADRID. José Luis Rodríguez Zapatero desgranó ayer los mecanismos de su estrategia para poner el punto final a ETA, un día después del incendio de la ferretería de un concejal de Unión del Pueblo Navarro (UPN) en la localidad de Barañáin, un hecho que consideró inadmisible porque para que el alto el fuego sea creíble requiere que no haya «violencia, tenga el alcance y la manifestación que tenga». Fuentes de La Moncloa indicaron que el presidente del Gobierno cree que el ataque, con ser un hecho grave, no altera su conclusión de que el alto el fuego es real. Estas fuentes señalaron que sólo si esta agresión tiene continuidad con otras similares habrá que revisar el diagnóstico.
Zapatero se negó en el acto conmemorativo de su segundo año de mandato a atribuirse los méritos del alto el fuego de ETA porque alcanzar el objetivo de acabar con la violencia «será mérito de todos» ya que «la paz se hace entre todos».
En esta línea, el jefe del Ejecutivo socialista consideró que alcanzar «la paz exige tanta valentía como prudencia, tanta firmeza como generosidad, tanta unidad como lealtad». Unas actitudes que tienen que estar acompañadas de «honrar a las víctimas del terrorismo» y la mejor forma de hacerlo es con «aliento y fuerza» para alimentar «la esperanza del fin de la violencia». Una meta, prosiguió, que «merecen todos los vascos, todos los navarros y todos los españoles desde hace tanto tiempo». El presidente del Gobierno hizo estas reflexiones en el multitudinario mitin organizado por el PSOE en el palacio madrileño de Vistalegre para conmemorar los dos años de Gobierno socialista.
Aprovechó ese escenario para redoblar sus llamamientos a la unidad de todas las fuerzas políticas para conseguir el final de ETA, un consenso que puede verse en peligro si se confirma que el ataque del sábado es un episodio de kale borroka, lo que para el PP es un «dato negativo» que demuestra, en palabras de Mariano Rajoy, que ETA no tiene «ninguna voluntad de abandonar las armas». Para atajar esa posibilidad, Zapatero reclamó al partido opositor que no se desmarque porque «la paz se hace entre todos» y «cuando llegue, será mérito de todos».
Zapatero no quiso extenderse sobre la situación abierta tras el alto el fuego de ETA, lo hará, según anunció, en el mitin que se celebrará en Bilbao el próximo 21 de mayo con motivo de la 'fiesta de la rosa'. Hasta entonces, el jefe del Ejecutivo continuará sus contactos con los partidos y esta semana recibirá a los portavoces parlamentarios del Bloque Nacionalista Galego, Eusko Alkartasuna, Nafarroa Bai y Chunta Aragonesista. La ronda se cerrará el 4 de mayo, con la entrevista con el presidente del PNV, Josu Jon Imaz.
Oferta al PP
El presidente del Gobierno aspira a que la segunda mitad de la legislatura sea menos tirante que la primera y ofreció al PP «cambiar la atmósfera política», dejar la crispación «a un lado» y reemplazar el enfrentamiento por «la cooperación». José Luis Rodríguez Zapatero repasó los, a su juicio, logros de sus dos años de mandato y vaticinó que la oposición, aunque haya denostado y rechazado todas las leyes impulsadas por su Gobierno, cuando llegue al poder no sólo no las derogará sino que las reivindicará y hará suyas.
El jefe del Ejecutivo se dio un baño de multitudes en toda regla para celebrar el segundo aniversario de su llegada a La Moncloa. Rodeado, en sentido literal porque el escenario estaba en el centro, de 20.000 personas que abarrotaban el palacio de Vistalegre de Madrid, Zapatero revisó las leyes aprobadas en su mandato y las decisiones de su Gobierno, y aunque dijo no querer caer en «la autocomplacencia», su balance fue todo luces y ninguna sombra. Y para afrontar los dos años que quedan de legislatura, instó al PP a rebajar el clima de confrontación política, «tarea», dijo, para la que tiene «dos buenos materiales»: la ley de dependencia y la de igualdad entre hombres y mujeres.
El presidente del Gobierno rechazó que vaya «demasiado deprisa» en la toma de decisiones, como se sostiene desde la oposición, porque, por ejemplo, «no fue precipitada» la retirada de las tropas de Irak, la primera medida de su mandato, un recordatorio que fue acogido con un estruendoso «no a la guerra» que caracterizó a las grandes manifestaciones de febrero y marzo de 2003. Con esta misma idea, indicó que el problema no es que «vayamos deprisa» sino que «otros», en referencia al PP, «siempre se quedan atrás», al extremo de que «con la derecha» en el Gobierno, España se quedó «en la lista de espera».
Zapatero indicó que ahora «hay que apresurar el paso» con la convicción de que «lo que hagamos ahora, hecho estará y nadie lo va a cambiar». El PP cuando gobierne, aventuró, «no va a derogar» las reformas de los estatutos de autonomía ni los matrimonios entre homosexuales. Es más, proclamó, «no devolverán ni la estatua de Franco a su pedestal», frase acogida con carcajadas y una gran ovación. Se refería a la efigie ecuestre del dictador retirada el año pasado de su ubicación en una plaza de Madrid, decisión que mereció las críticas del PP. Y no sólo no anulará nada, remató, sino que dirá que «estas cosas son obra suya. Lo veremos». Zapatero defendió asimismo la reforma del Estatuto de Cataluña, el punto más negro de su gestión, porque con cambios como ése «la España plural será más auténtica».
El presidente del Gobierno no fue el único orador en el acto de Madrid, ya que también intervino el presidente del partido y de Andalucía, Manuel Chaves. El mandatario andaluz dijo que la paz será «el homenaje a los compañeros caídos». Unas palabras que motivaron aplausos y ondear de ikurriñas de la delegación del PSE-EE, con su secretario general, Patxi López, a la cabeza. Chaves respondió a los vítores: «estaremos con vosotros y lo lograremos». COLPISA