Lunes, 24 de abril de 2006
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CULTURA
LA CRÍTICA SALVAJE
Aprendiendo a rugir
Aprendiendo a rugir
Cartel de la película Salvaje.
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Título: Salvaje (The Wild). Estados Unidos, 2005. Dirección: Steve 'Spaz' Williams. Guión: Ed DEecter, Mark Gibson, Philip Halprin. Diseño de producción: Chris Farmer. Música: Alan Silvestre. Cine de estreno: Antiguo Berri, Oscar La Bretxa, Cinebox Urbil, , Niessen, Cinebox Mendibil, Txingudi, Modelo (Zarautz). Duración: 94'

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Desde que Disney abandonó la animación tradicional ante el empuje de las tres dimensiones virtuales impulsadas por la competencia, al tío Walt ya no se le reconoce por ningún lado. Disney ya no es marca de fábrica estilística, más bien va a caballo, o como puede, de lo que imponen los que le llevan ahora la delantera, Pixar y Dreamworks, principalmente. Eso no quiere decir que el producto resultante sea de rebajas: se han puesto las pilas y con buen material. Pero ahora Disney es otra cosa.

Así, este Salvaje recuerda mucho a Madagascar, de la competencia, y tiene el tipo de trabajo estético que han desarrollado los de Pixar, aunque sin la inventiva genuina de Buscando a Nemo o Los increíbles. Salvaje, con todo, es una muy disfrutable aventura, que tiene, cómo no, a un grupo de animales como protagonistas. Y que enseña también algunas cosas a los padres: por ejemplo a no mentir a sus hijos con fanfarronadas y bravuconadas imaginadas.

Es lo que ocurre con el león padre, al que todos respetan mucho en el zoo, como rey de la selva, aunque no tenga un origen tan salvaje, valiente y fiero como quiere hacer creer, a su hijo y a sus compañeros del zoo. Pero cuando su hijo se pierde y acaba en un contenedor que viaja en camión y en barco hasta la selva, el buen león y mejor padre podrá demostrar su valentía. Y el poder de su rugido. Y no sólo al enfrentarse a los ñu, sino sobre todo al hablarle francamente al niño.

Es una bonita lección a dos bandas, bajo una amena aventura cargada de dinamismo. La textura de los animales sigue asombrando por su realismo, y los personajes son graciosos, especialmente el koala, pero también la ardilla y la jirafa, pareja casi imposible. Desde el aburrido zoo se divisa Nueva York, pero la expedición de rescatadores podrán conocer las calles de la gran urbe, también las alcantarillas en las que habitan amables cocodrilos. Hay además algunos guiños humorísticos estratégicamente colocados para hacer las delicias de los mayores que acompañan a los niños: véase al dictador ñu amante de las coreografías.



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