Tal día como el de hoy, del año 1913, el Ayuntamiento se reunió a las cinco de la tarde para tratar asuntos tan importantes como la posibilidad de que el Estado cediera al Municipio, gratuitamente, un terreno en el monte Urgull destinado a paseo público, y estudiar la aprobación del proyecto denominado "Solución media" como posible solución a la controvertida construcción del Gran Kursaal Marítimo de San Sebastián.
Pero el verdadero motivo de la reunión no era otro que, en sesión secreta, tratar la forma en que, el próximo 4 de mayo, debía celebrarse el aniversario de la reconstrucción de San Sebastián en 1813 y el derribo de las murallas en 1863. De momento ya se contaba con el himno compuesto al efecto por el maestro Santesteban con letra de Ramón Fernández.
En tanto que los munícipes se ocupaban de estos menesteres, el maestro Raimundo Sarriegui había ido a casa de su amigo el exalcalde José Joaquín Lizasoain para mantener su habitual tertulia, suponemos que sobre temas de actualidad koskhera.
Avanzaba la tarde mientras en la Casa Consistorial se hablaba de celebrar Te Deum, músicas y bailables, y cuando comenzó el atardecido, como era costumbre, muchas personas, entre ellas don Raimundo, abandonaron sus quehaceres para acudir al rezo del Santo Rosario en la parroquia de Santa María.
Terminado el acto religioso, y mientras llegaba la hora de la cena, nuestro maestro cumplió otro de sus rituales diarios: dirigirse a la rebotica de la farmacia de la calle Narrica, para mantener el tradicional rato de plática con su también amigo Tellería.
Los miembros de la Corporación no pudieron acudir al Rosario porque seguían planificando las citadas celebraciones y, poco antes de las ocho de la tarde, todavía no habían levantado la sesión. A esa misma hora, a pocos metros, Sarriegui pidió un calmante a su contertulio porque sentía fuerte opresión en el pecho. Mientras el farmaceútico se disponía a preparar lo solicitado, el enfermo encendió un cigarro dispuesto a seguir la tertulia. Al poco de reanudarse la misma dejó caer la cabeza hacia atrás y perdió el conocimiento.
Se calmaron los nervios cuando, por puro azar, en ese momento entró en la farmacia el practicante municipal, Mendiola, quién al darse cuenta de la gravedad se puso en contacto con la Casa de Socorro de donde llegó, con toda presteza, el joven y erudito médico donostiarra Larburu, acompañado del doctor Castillo que casualmente pasaba por el lugar.
A pesar de la inyección de cafeína con la que intentaron reanimarle, el maestro don Raimundo Sarriegui falleció a las ocho y diez de la tarde contando 73 años de edad.
La noticia se extendió por la ciudad. José Otero, párroco de San Vicente, acudió para prestar los auxilios espirituales y personas anónimas corrieron al Ayuntamiento para comunicar lo ocurrido. El alcalde, Marino Tabuyo, que seguía presidiendo la sesión municipal, tan pronto como fue informado se puso de pie y, visiblemente emocionado, pronunció el siguiente discurso: «Ha muerto quien simboliza una parte muy importante de la vida donostiarra. Maestro de varias generaciones, autor felicísimo de las más populares composiciones, su figura estará tan unida a nuestros recuerdos que su pérdida no podrá menos que ser llorada como la pérdida de algo íntimo de todo donostiarra». A continuación propuso, siendo aceptado por unanimidad, consignar en Acta el pesar de la Corporación.
A las nueve y media el cuerpo de Sarriegui fue trasladado a su domicilio de la calle Puyuelo (hoy Fermín Calbetón) y las directivas de todas las sociedades fueron citadas con urgencia para izar sus banderas a media asta y aprobar la asistencia a las honras fúnebres.
Sin reunión previa, sin que hubiera acuerdo escrito, como simple reflejo de cuanto se respiraba en el ambiente, la vox populi sentenció que el próximo 20 de enero no habría tamborradas, en señal de duelo. (En 1914 la fiesta se trasladó al domingo 25 de enero). Presidido por el alcalde, Orfeón Donostiarra, representantes de los Juegos Florales Eúskaros, Círculos, Asociaciones y Sociedades, el día 25 se celebraron los funerales en Santa María. La Capilla Parroquial cantó el 'Kyrie' y el 'Credo' de la Misa de Requiem y, una vez que el Orfeón Donostiarra hubo interpretado el 'Sanctus' y 'Agnus' de la misma partitura, tras el rezo del 'Benedictus' de Gounod, se acudió a la casa mortuoria de donde salió el féretro llevado por miembros de 'Donosti Zarra', 'Euskal Billera' y 'Sporti Clai". La Banda Municipal interpretó tristes marchas mientras se puso en marcha la comitiva. Las cintas que pendían de la carroza eran sujetadas por su gran amigo José Joaquín Lizasoain; José Agote, presidente de 'La Unión Artesana', representante como decana de todas las demás; José Antonio Rezola, Vocal de la Junta del Asilo Matía a la que pertenecía Sarriegui; José Ramón Tellería, dueño de la farmacia en la que falleció; Javier Peña y Goñi, presidente del Orfeón Donostiarra, y Primitivo Gorostidi, presidente del Colegio de Corredores del Comercio de San Sebastián.
El maestro Sarriegui se marchó dejando como herencia, además de numerosos legados a casas de asilo y obras de caridad, 2.500 pesetas para que se compraran instrumentos a la Banda Infantil del Asilo Reina Victoria (Zorroaga) y una composición original basada en las campanas de Santa María.
PRÓXIMO DOMINGO: Trabajadores municipales
El maestro Sarriegui
Al maestro Sarriegui, siendo niño, lo encontramos como tiple en los coros de Santa María y San Vicente y preparándose musicalmente con el maestro Santesteban. Cuentan las crónicas que la existencia de la 'Marcha de San Ignacio' le llevó a componer en 1861 la 'Marcha de San Sebastián'.
Sus actividades como Corredor de Comercio se compaginaban con las clases de solfeo que daba en la Escuela Municipal de Música de la calle Peñaflorida y la fundación del primer orfeón que tuvo San Sebastián, además de crear charangas como 'La citara' y 'Los Gámbaros', compuestas de guitarras, bandurrias, flautas y violines que animaban las fiestas populares de la ciudad. Sirviéndose de una pequeña guitarra sabía estar allá donde los donostiarras se divertían, creando dislocantes habaneras y pasacalles retozones que, censurados por los puristas, merecían la aceptación del pueblo llano a quien precisamente dirigía sus composiciones.
Resulta curioso leer que a pesar del carácter liberal de Sarriegui muchas de sus obras fueron interpretadas por las bandas de los batallones carlistas, especialmente por la que pertenecía al 4º de Guipúzcoa en la que figuraba como oficial un sobrino suyo.
De Sarriegui son, además de las clásicas músicas de la tamborrada y del llamado 'Carnaval donostiarra' que incluye piezas como 'Los habitantes de la luna' o la 'Marcha grotesca de la entrada de Carnaval', un 'Miserere' que nadie se atrevió a montarlo y títulos como 'Illunabarra', 'Ume eder bat', 'Festara', 'Eun xentilla', 'Juana Bixenta Olabe' (letra de Bilintx), la zarzuela 'Pasayan', el intermedio cómico-lírico 'Petra Txardin Zaltzallia' (letra de Victoriano Iraola) y el pasaje 'Carmen Gaztain Shaltzallea' (estrenados los dos últimos en el Teatro Principal)...