Cafés de Nueva Guinea, Etopía, Hawai. Prohibido pedirlos con leche. Se trata de buenos cafés que no necesitan ser enmascarados. Para el cortado de siempre, la mezcla secreta de la casa. Pero hay mucho más y pasan muchas más cosas en Kikara.
- Oiga, que he visto aquí trapicheo. De guisantes y habitas tiernas...
- Mujer, no te pongas así. No era trapicheo. Lo que pasa es que las casheras de la Brecha suelen tomarse un respiro y vienen al baño, a por la cañita o el café. Si las clientas no las encuentran en sus puestos, cogen la bolsita de guisantes o de lo que sea y se la pagan en esta barra. También suele suceder que si han dejado el puesto y la gente se amontona en la espera, las compañeras se acercan para avisarles.
- O sea que su local es lugar de descanso, encuentro y transación.
- Y más cosas. Yo te diría que es como una cafetería de autopista, un restop, vamos.
- No me diga eso, si estamos en primera línea de algo tan urbano como la Parte Vieja.
- Ya, pero los clientes vienen al ritmo de los autobuses. Por ejemplo, el primero de Altza me trae a las 6.30 a mis primeras clientas, que son las señoras de la limpieza. Luego aparecen quienes trabajan en el mercado. Abre a las 8 pero ellos y ellas vienen a las 7.30. Las casheras tardan algo más porque antes de tomarse el café preparan los puestos. Antes de las diez llega la gente de las tiendas. Te recuerdo que el desayuno no tiene porque ser café y bollito. Se toma bastante Cola Cao. Después, la hora del recreo.
- ¿Quiere decir que vienen los niños de la ikastola Orixe?
- No, no. En inglés se diría lo de coffee break.Ya sabes, la pausa para el café. La hacen los oficinistas, los empleados del INEM...
- ¿No exagere! Desde la calle Oquendo van a venir aquí...
- Te lo juro. Tenemos una clientela muy fiel. Una clientela que ha sobrevivido con nosotros a las obras del Boulevard, a las del mercado y a las de la propia plaza Sarriegui. Hubo incluso un tiempo en que para llegar tenías que subir Aldamar hasta Iñigo y dar la vuelta por San Juan.
- A eso se le llama clientela fiel.
- De monumento, en serio. Además, es la que cuenta. Para todo. También para el negocio. Por supuesto que el cliente no habitual que pasa un día y te deja 50 euros de consumición es un puntazo pero, ¿qué quieres?, un euro día a día hace 300 al año.
- ¿El jaleo, el alboroto, disminuye al mediodía y después?
- No creas. Entonces vienen las señoras que ya no trabajan pero que están todavía en una edad bonita, que se encuentran bien y salen a hacer su comprita, se toman un pinchito, quedan con sus amigas. El revuelo se remansa hacia las 13.30 pero claro, no falta la dama de algún puesto que viene por su cervecita y al baño. La historia recomienza a la tarde, con las tiendas. Y con las madres que pasan a recoger a los niños de la ikastola. O que los traen al Orfeón. Las clases duran hora y media y matan el tiempo aquí. ¿El último café? El que se toman las chicas de algunas tiendas antes de ir a las clases de baile de Carmen Garmendia.
- Pero habrá mucha clientela de paso. ¿Es tan bonita la placita!
- Bonita lo es. Y con solecito, ni te cuento pero a que no adivinas qué nos pasa con el tamborrero.
- ¿Y qué les puede pasar? Es una escultura en bronce, sin más.
- Pues que nos cierra la plaza.
- ¿Cómo que les cierra la plaza?
- En serio. Es muy majo pero actúa como una muralla para la gente que está en el Boulevard. No nos ven. Si caso, a las chicas de Aranzabal, la ferretería de la esquina, sí. A los demás, no.
- Anda que si el tamborrerín da problemas, los 'sin techo' que paran por aquí....
- Te cuento, realmente peligrosos no son. Algunos están borrachos, otros les cogen los balones a los críos, y los demás no hacen nada pero asquerosos sí que son.
- Defina 'asquerosos'.
- Guarros. Mean y cagan en la plaza. Se lavan en la fuente. Pero, en fin, la plaza puede con todo.
- Este cortado corto con leche concentrada sabe como...
- ... Aquel café del antiguo Sport. Mi esposo, Txomin, trabajó allá.
- ¿Y se trajo el secreto del café?
- Hasta en la misma mezcla.