SAN SEBASTIÁN. DV. La primera parada en nuestro recorrido la hacemos en el edificio de Kutxa sito en la calle Getaria. Es allí, en la confluencia de la calle Arrasate, donde hallamos dos curiosos rótulos inéditos en otras partes de la ciudad y facturados letra a letra. Su existencia se debe a la caja de ahorros guipuzcoana y enarbolan la bandera del bilingüismo, algo nada habitual en la cartelería callejera de San Sebastián. De hecho, sólo hemos hallado en toda la ciudad un modelo oficial de rótulo con el nombre de la vía en euskera y castellano: todos ellos fueron creados e instalados en la primera mitad de los años setenta y se encuentran ubicados en el barrio donostiarra de La Paz y sus alrededores. Encontramos de estos rótulos en la calle de Serapio Múgica o en el paseo de Julio de Urquijo, pero también en lo alto de avenida de Pasajes San Pedro.
Cerca de allí, en uno de los accesos a la isleta que forman las casas del Paseo de los Olmos nos damos de bruces con otro curioso emblema: un cartel forjado en hierro de aspecto medieval, más propio de un figón segoviano que de un barrio moderno. La presencia del emblema no es casual pues en la parte más baja del paseo, en el acceso aledaño a Trintxerpe, hay un cartel del mismo pelaje.
El bilingüismo al que antes aludíamos también ha alumbrado una serie de curiosidades cartelísticas, como la que luce la avenida de Satrústegui, en el barrio de El Antiguo. Mientras los afiches en castellano no presentan anomalía alguna, los traducidos al euskera muestran una llamativa dualidad: en unos casos, el término avenida ha sido traducido -y rotulado en los carteles- como hiribide y, en otros, como etorbide. Seguimos con dilemas bilingüistas y, esta vez, nos trasladamos a la calle de los Arquitectos Cortázar en Amara, junto a la estación de autobuses. Mientras los rótulos en castellano optan por la generalidad, aquel que se encargó de facturar el cartel en euskera tuvo el detalle y tesón de personalizarlo, pudiendo leer en la actualidad A. eta R. Kortazar arkitektoen kalea. Las iniciales A. y R. responden a los nombres Antonio y Ramón, hijo este último del primero. A unos metros de esta vía, en una de las fachadas del hotel Amara Plaza, encontramos otro letrero callejero único en el mapa donostiarra: hace referencia al Paseo de Bizkaia (así, tal cual, híbrido de castellano y euskera) y todo apunta a que fue creado por encargo del hotel, huérfano de un rótulo que identificara su entrada. En el capítulo de carteles exclusivos también debemos citar el de la plaza del Padre Claret, en Sagües; uno de los que informan de la calle Iztingorra, en El Antiguo; aquellos adosados a sendas farolas sobre el puente de Santa Catalina o el de la Plaza del Centenario, curioso emblema de latón de formas cuadradas, nada que ver con los modelos elípticos del centro de la ciudad.
Dejamos atrás los dilemas lingüísticos y viajamos a Trintxerpe y Pasajes Ancho donde, como ya sabrán, cuentan con calles cuyas aceras pertenecen a padres diferentes. Ocurre en Azkuene y en Escalantegui, respectivamente, y como no podía ser de otra forma cada lado de la vía cuenta con su propia cartelería, unas veces por cortesía del Ayuntamiento de Pasajes, otras por obra y gracia del consistorio donostiarra. Rizando el rizo de la ambivalencia fronteriza, destacar que en la calle Escalantegui de Ancho, a unos metros de la Alameda, hallamos en lado pasaitarra un cartel con la antigua nomenclatura de la vía: Javier Marquina. Alce el cuello, agudice la vista y podrá verlo.
Uno de los modelos más curiosos y señoriales de la ciudad lo hallamos en el paseo de Francia, plaza de España, Paseo de la República Argentina y en el paseo Eduardo Chillida: se trata de un inmenso medallón de fundición que, aparte del nombre de la vía contiene el escudo de la ciudad y otros motivos decorativos.
En las antípodas de éstos, y finiquitando este recorrido por la cartelería callejera más singular, hemos de mentar el folio plastificado -y no oficial- que se halla en la calle Matía, entre el número 33 y el 35. Señala el acceso a la Danborrari Kalea y, a tenor de lo que se lee en el cartel, debió ser nombrada así el día de San Sebastián de 2003. El singular afiche bautiza un diminuto, estrecho y oscuro callejón que une la calle Matia con Santustene y sobre decir que esta encomiable -y oficiosa- iniciativa popular debería ser refrendada por el Ayuntamiento.