Domingo, 23 de abril de 2006
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«Veintitrés años de trabajo, al cubo de la basura»
El concejal de UPN José Antonio Mendive confirma que reabrirá el negocio familiar y que continuará en su puesto pese al incendio
«Veintitrés años de trabajo, al cubo de la basura»
José Antonio Mendive rescata algunos documentos del interior de la ferretería incendiada. [TELEPRESS]
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BARAÑÁIN. DV. «23 años de trabajo se han ido al cubo de la basura. Está todo arruinado y dejan a una familia en la indigencia». La «rabia y la impotencia» acompañaban ayer las palabras de José Antonio Mendive, el portavoz de UPN en el Ayuntamiento de Barañáin pero también el dueño de un negocio familiar, una ferretería abierta por su padre hace 23 años en la localidad vecina a Pamplona.

Detrás de él, bomberos y personal de limpieza sacaban escombros y acondicionaban los alrededores de la tienda, en la que trabajan seis miembros de la familia Mendive, los cuatro hermanos y la madre del edil. El local quedó totalmente destrozado y apenas rescataron una carpeta con documentación y el disco duro de un ordenador que el calor acumulado por el incendio había derretido.

Mendive no se resignaba a lo que le había pasado y sólo se separó de la tienda para realizar la denuncia de un acto que el ministro del Interior atribuyó con casi toda seguridad a la llamada kale borroka. Ni siquiera fue a la junta de portavoces que reunió a buena parte de sus compañeros y que condenó los hechos. Se quedó y recibió las muestras de solidaridad de políticos navarros, cargos institucionales y vecinos de la zona, o de clientes de una de las tiendas más frecuentadas de la localidad.

En algún momento entró en el local destrozado y pudo comprobar que el fuego, «por lo menos», no incendió las bombonas de camping gas que tenía. «Hubiera volado todo el edificio», aseguraba estremecido.

Cuando tan sólo se tenía la certeza, confirmada por el delegado del Gobierno en Navarra, de que el incendio había sido provocado, confirmó que «era muy duro» ver las consecuencias del suceso. «Dejan a una familia en la indigencia. No es manera de hacer política ni de defender ideas. Flaco favor hacen a todo el mundo con esto, aunque nosotros seguiremos con nuestra postura política», afirmó. «Yo creo que no he hecho mal a nadie. Al contrario, he tratado de colaborar y ahora... Me da rabia escuchar al ministro porque no están jugando con gaseosa. Están jugando con la vida y la economía de una familia y eso duele».

Pese a lo ocurrido, José Antonio Mendive, de 41 años, casado y padre de dos hijos gemelos de 11 años, confirmaba que continuará «adelante». «Hoy es un día muy duro y los próximos dos o tres, también, pero no me puedo permitir el lujo de tirar la toalla. Es lo que querrán, además. Pero volveremos a abrir, tenemos que hacerlo y empezar de cero», añadía el concejal, que tampoco se plantea dejar su cargo político.

«En Barañáin me toca luchar porque me han pasado cosas muy fuertes, y ahora queman el medio de vida de toda mi familia», añadió Mendive, que encabeza la formación más votada en Barañáin pero que no ostenta la alcaldía porque el candidato del PSN fue apoyado por los ediles de IU, independientes y los nacionalistas de Aralar y EA-PNV, y que hace semanas vio como se frustraba una moción de censura que había preparado con CDN e independientes.

Conmoción vecinal

Durante toda la mañana decenas de vecinos fueron pasando por el lugar del atentado y observaban conmocionados los restos del atentado: la tienda destrozada, la fachada del bloque de catorce plantas ennegrecida hasta el número once y la tienda de al lado, de la otra bajera del edificio, llena de ropa «milagrosamente intacta». «Ha entrado el hollín y todo el material está inutilizado pero al menos no se ha incendiado porque hubiera sido fatal. Afecta a todo el edificio», decía su dueño rodeado de vecinas.

Junto a los curiosos, también permanecían tras la cinta colocada por la Guardia Civil algunos de los habitantes de los 56 pisos que fueron desalojados de madrugada cuando el fuego se extendió en apenas segundos y que vieron como el humo se fue filtrando por las conducciones. La mayoría daba gracias porque las consecuencias personales sólo se hubieran traducido en intoxicaciones leves. «Pero si el bebé herido está en un piso más bajo igual hubiera sido diferente; o si la Policía Municipal no hubiera estado tan cerca...», decían.



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