Dejando aparte los problemas de la huelga de Renfe, cosa molesta para quienes viajamos pero, por otro lado, a veces comprensible cuando no se respetan los derechos laborales, quisiera manifestar mi gran indignación ante la situación que sufrimos todas las personas usuarias de este servicio. Para empezar, y en pleno siglo XXI, no es posible que estos trenes, sean de corto o largo recorrido, de alta velocidad o más lentos, y todavía no dispongan por ley de plataformas multiusos adaptadas para sillas de ruedas, cochecitos de bebés, equipajes pesados, bicicletas y, en general, para uso de cualquier persona de movilidad reducida. No puede ser que un padre o una madre tengan que pedir ayuda a otras personas para subir el cochecito, que un discapacitado no pueda entrar solo y que no quede espacio para bicicletas cuando existe desde hace tiempo, el derecho a llevarlas en tren.
Esta falta de infraestructura básica junto con los retrasos frecuentes, originan muy a menudo, especialmente en fines de semana y vacaciones, tensiones entre viajeros que, en el peor de los casos, pueden acabar en agresiones verbales e incluso, físicas. Por suerte, la mayoría de viajeros, sabemos comportarnos y guardar las formas ante situaciones muy estresantes. No obstante, existe una minoría que desgraciadamente va en aumento, de personas muy maleducadas capaces de insultar o incluso agredir físicamente cuando les dices bien educadamente que deben dejar salir primero a la gente de dentro del tren antes de subir.
Creo, sinceramente, que hay que poner remedio a estas situaciones urgentemente. Me gustaría que este escrito sirviera para que el gobierno, Renfe y todos los ciudadanos, entre ellos asociaciones de discapacitados, de defensa de los derechos infantiles y de los ancianos, grupos de defensa de la bicicleta, asociaciones de vecinos, etcétera, se unieran y trabajaran para solucionar a corto plazo este problema que, junto con el aumento de víctimas en carretera, hacen que viajar de un lugar a otro se convierta en un auténtico calvario.