WASHINGTON. La globalización está bajo ataque, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el G-7, que han dado la señal de alarma frente a un «creciente proteccionismo» que amenaza el libre flujo de bienes y servicios en el mundo.
La advertencia, hecha durante estos días desde Washington, llega una semana antes de una importante cita en la agenda para avanzar en la Ronda de Doha.
Los 149 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) deberán decidir antes de finales de mes si dan un nuevo paso para impulsar la liberalización comercial.
El acuerdo, que establecería fórmulas precisas para recortar los subsidios agrícolas y comerciales, resulta clave para concluir a finales de año la Ronda de Doha de la OMC, una iniciativa que se lanzó en el 2001 en la capital de Qatar para impulsar el crecimiento y reducir la pobreza.
Discrepancias
Pero las discrepancias entre países ricos y pobres han paralizado las conversaciones. Las naciones en desarrollo quieren que EE UU y la UE recorten más sus subvenciones agrícolas, y Estados Unidos exige que países como Brasil e India liberalicen los sectores industrial y de servicios.
A ese entramado de intereses se suman las diferencias en materia comercial entre EE UU y sus socios europeos.
«Necesitamos estar alerta frente a posibles barreras comerciales que frenen el flujo de bienes y servicios», destacó el viernes el secretario del Tesoro estadounidense, John Snow.
El «creciente proteccionismo» es, junto con los precios del petróleo y desequilibrios como la baja tasa de ahorro de EEUU, uno de los riesgos que más preocupa al G-7, que reiteró «firmemente» las ventajas de la apertura y la globalización.
Grupos de interés
Raghuram Rajan, economista jefe del FMI, señaló que los gobiernos están cediendo a los caprichos de «vociferantes grupos de interés» al obstruir el cambio en lugar de educar a sus ciudadanos para que lo acepten.
El FMI teme que un potencial fracaso la semana que viene en la agenda de Doha dé nuevas alas a la corriente contra la globalización.
Rajan indicó que «la historia sugiere que la distancia entre el patriotismo económico y el nacionalismo desenfrenado es corta».
Añadió que «los políticos en todas partes apuntan a objetivos fáciles como el extranjero que supuestamente compite de forma injusta o el inmigrante que trabaja mucho por muy poco».
«Cuando los estadounidenses cuestionan las ventajas derivadas de la integración económica internacional es que pasa algo serio», señaló Niall Ferguson, de la Universidad de Harvard.EFE