Domingo, 23 de abril de 2006
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CULTURA
FOTOGRAFÍA | DESNUDO EN EL KURSAAL
Tunick desnudó a 1.200 voluntarios en Donostia
1.200 personas participaron en el espectáculo nudista que propuso el fotógrafo estadounidense
SAN SEBASTIÁN. DV. La incertidumbre sobre la cantidad de audaces voluntarios que posarían desnudos en San Sebastián se disipó pronto. 1.200 personas se acercaron hasta los aledaños del Kursaal para participar en la propuesta fotográfica que planteó el estadounidense Spencer Tunick. Clichés, vergüenzas y complejos quedaron al margen en una mañanera sesión fotográfica que a punto estuvo de costar la salud a más de uno.

Las caras de los asistentes mostraban cierta serenidad. Predominaron los hombres, que mostraron un menor pudor que las mujeres. Sorprendieron las familias, que no dudaron en llevar a los pequeños de la casa e incluso, a algún bebé. Abundó el producto donostiarra, pero muchos se acercaron desde Gipuzkoa. Pero, no fueron los únicos. Francia, Inglaterra y Alemania, también estuvieron representados. Casi sin saber muy bien de lo que iba el asunto, los voluntarios penetraban en el auditorio. Sin despojarse aún de sus prendas dieron la bienvenida a Tunick, que informó de la inminencia en la toma de la primera instantánea. Casi una hora después llegó el gran momento. La imagen era sobrecogedora. Como si de una comuna humana se tratase, el millar de modelos acataba las órdenes de un malhumorado fotógrafo que arremetió contra la prensa al percatarse de su presencia. «I can't work», decía enfurecido, momento en el que reporteros y gráficos estuvieron a punto de protagonizar un espantada ante las precarias condiciones para trabajar.

El vestíbulo del cubo grande acogió la realización de las dos primeras fotografías. Tumbados, de espaldas, subiendo, bajando,... el neoyorquino trataba de buscar las formas más dispares para conseguir encajar las piezas del inmenso puzzle. El Kursaal retumbó en aplausos cuando Tunick dio por finalizada la primera toma. La segunda, también en el interior del auditorio, fue captada desde la parte superior, que volvió a estar marcada por las suspicacias, pero esta vez de los fotografiados, que corearon al unísono «¿prensa vete ya!» entre gritos y silbidos. Pero los ánimos volvieron pronto a su cauce cuando miembros del equipo de Caiga Quien Caiga (Tele 5), decidieron desnudarse, lo que arrancó nuevamente los aplausos, firmando así un contrato de cordialidad entre medios de comunicación y protagonistas. A partir de ahí, todo fluyó con naturalidad.

De riguroso negro, Tunick intentaba coordinar a los asistentes, tarea nada sencilla por el murmullo constante. Con un altavoz daba instrucciones, mientras un ayudante traducía sus palabras al castellano para la comprensión de todos. Cuando más silencio y quietud exigían las tomas, el llanto de un niño rompió el momento mágico.

Bajo el frío

Desde las 7.30 horas, la lluvia no quiso perderse el espectáculo. Una vez finalizadas las tomas interiores les tocó el turno a las exteriores y más concretamente, a la playa. La temperatura no era la más apropiada para pasear por La Zurriola, pero los intrépidos aventureros quisieron retar a la climatología. Minutos antes, los municipales intentaban sin éxito que paseantes y bañistas abandonaran la playa para preservarles su intimidad. Los surfistas no cedieron, y es que a juzgar por las olas, resultó ser un día fructífero para practicar.

Tunick, subido en una grúa y con altavoz en ristre, guiaba y exigía a los fotografiados su dispersión. Sorprendentemente, la lluvia cesó en el preciso instante en que los más de mil voluntarios tocaron la arena. El frío empezaba a hacer mella entre los asistentes, que no dudaron en golpearse la piel para entrar en calor. Los que asistieron con pareja recurrieron a una práctica menos dolorosa y, sin duda, más placentera: el abrazo. Tras una primera toma mirando al mar, el fotógrafo pidió que se tumbaran en la arena, situación que no fue del agrado de todos y con la que no dudaron en mostrar su desencanto. Pero fue en balde porque finalmente, cedieron a los requerimientos del fotógrafo. Con la imagen capturada, los nudistas se apresuraban en quitarse la arena pegada, que a buen seguro no estaba precisamente caliente.

Había llegado el momento de despedirse de algunos. Sólo las parejas que quisiesen podrían seguir formando parte de la sesión fotográfica. El escenario continuaba siendo el mismo, pero en este caso, en las rocas del espigón. La temática cambió radicalmente en este último tramo, resultando ser de un cierto tinte erótico; besos y caricias al desnudo al borde del mar. Con todo acabado, los voluntarios no pudieron ocultar su satisfacción. Hoy ya son parte de la historia de Tunick, y sus fotos recorrerán el mundo.

De esta manera Spencer cerraba su periplo donostiarra en el Kursaal. Los protagonistas supieron disfrutar de esta experiencia que seguro no olvidarán. El público demostró con su asistencia que, tópicos como la extremada timidez de los donostiarras, no tienen cabida, o por lo menos para estos valientes. El resto, tendrá que seguir aguantando el sanbenito. Pero la ciudadanía ha respondido. ¿Y de qué manera!



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