- ¿Cómo llegó esa llamada de la Deutsche Oper de Berlín?
- Yo estaba en Marsella cantando Marzelline de Fidelio cuando me llamó uno de los responsables de la Deutsche Oper personalmente. Habían pedido mi número de teléfono en la Ópera de Leipzig. Querían saber si estaría libre para algunas fechas en marzo y fue casi como un milagro porque las fechas cayeron exactamente en las tres semanas que tenía previstas para quedarme en casa y estudiar antes de venir a Inglaterra.
- ¿Por qué cree que pensaron en usted?
- Pensaron en mí simplemente porque ya había hecho esa misma producción tres años antes. Mi primer papel importante en Leipzig con el que tuve bastante éxito. Tenían la grabación del vídeo de aquel año y como era para sustituir a otra cantante, era mucho más fácil llamarme a mí que ya conocía la producción.
- ¿Aceptó de inmediato?
- La verdad es que primero llamé a mi agente, quien se encargó de negociar el cachet y esas cosas, pero debo decir que en cuanto me llamaron me apeteció la idea de cantar en Berlín, claro.
- ¿Qué significa para una soprano que le llamen de la Deutsche Oper?
- Una buena oportunidad. La verdad es que me sentí muy orgullosa de cantar en esta ópera donde han cantado tantos cantantes importantes. Fué algo muy especial, sobre todo cuando vi que la respuesta del público era tan positiva, sabiendo que son muy exigentes.
- ¿Es cierto que la crítica alemana ha dicho que era usted mejor que la soprano principal?
- En realidad, lo que la crítica dijo fue que hice de mi papel secundario un protagonista. Se puede interpretar de muchas maneras...
- ¿Cuál es la frase más bonita que le han dicho sobre su papel en 'La sonámbula'?
- «Ainhoa Garmendia canta y actúa con soberanía en primera línea»
- ¿Cómo ha podido compaginar esta producción con su trabajo en Leipzig?
- La verdad es que ya hace un tiempo que compagino mi contrato de la Opera de Leipzig con todos los que tengo al exterior. Tengo mucha suerte porque el director de Leipzig, Henri Maier, quien me ha ayudado desde el principio de mi carrera y ha creído siempre en mí, me da mucha libertad para que siga creciendo como artista y nunca se opone cuando se trata de un contrato importante en el exterior. Ahora mismo estoy en Inglaterra hasta finales de julio y después del verano debutaré en el Liceo de Barcelona en La Clemenza di Tito, lo cual quiere decir que estoy fuera de Leipzig durante más de 6 meses y esto no supone ningún problema para que siga manteniendo mi contrato.
- ¿Cómo está su agenda para el resto del año?
- Como digo voy a debutar primero en el Festival de Glyndebourne como Despina (Così fan tutte, de Mozart), en septiembre en el Liceo como Servilia (La clemenza di Tito-Mozart), en noviembre y diciembre vuelvo a Leipzig donde debuto en el papel de Valencienne en La Viuda Alegre y vuelvo a cantar Musetta y Pamina y en abril volveré a Inglaterra para otros tres meses para volver a cantar Despina en la misma producción.
- ¿Y podremos escucharle en algún momento en el País Vasco?
- Pues la verdad es que no tengo propuestas tan interesantes en el País Vasco como las que tengo en el extranjero, lo cual me encantaría, por supuesto, porque además de que es una oportunidad para volver a casa, siempre es muy especial cantar en el país de origen.
- ¿Tiene patria una cantante de ópera?
- Yo creo que la patria no hay que perderla nunca. Pienso que es muy importante no olvidar de dónde venimos por mucho que viajemos por todo el mundo.
- ¿Cuál es su papel favorito?
- Ahora mismo mi papel favorito es el de Susanna de Las Bodas de Fígaro. Lo he cantado ya más de 20 veces y el año que viene lo volveré a cantar en mi debut en Bélgica en la Vlaamse Oper y en el 2008 en el Liceo.
- ¿Le gustan las actualizaciones de óperas clásicas en ambientes modernos?
- La verdad es que no mucho. Hay producciones modernas que merecen la pena cuando un director de escena tiene un buen concepto y lo lleva a cabo, pero en general pienso que la música sobre todo clásica y barroca no va bien para ese tipo de producciones. Pienso que si quieren actualizar tanto la escena deberían hacer lo mismo con la música y ponerle ritmos modernos. Así quizá concordaría todo más. Pero no veo por qué cada vez se intenta más hacer la música como en la época y la escena como en la nuestra.
- ¿Y ahora, quién le gustaría que le llamara?
- El Teatro Real.