Mover un arbusto en los tiempos que corren puede resultar un acto casi delictivo. Existe en la ciudad una lupa gigante que detecta cualquier modificación que pudiera resultar agresora a la historia de parques y jardines. Y me parece correcto. Los ciudadanos no quieren sorpresas. Percibo una sensibilidad inmensa para evitar episodios de 'ataques', en este caso al parque de Cristina Enea.
La cementación actual de algunos caminos es lamentable. Quiero imaginar que sólo es un paso transitorio hacia estadios futuros donde regresará el espíritu de un parque querido por todos.
El respeto al parque es necesario. Las intervenciones que se realicen deben estar bien argumentadas, pero tampoco nos quedemos con la primera imagen. Sepamos los motivos y juzguemos el resultado final.