Miércoles, 19 de abril de 2006
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OPINIÓN
Cartas
Sobre José Múgica Múgica
Leo con gusto la evocación que sobre mi padre José Múgica Múgica, abogado, ex-alcalde de San Sebastián, publica El Diario Vasco del martes 18, cuyo contenido agradezco. Pero quiero hacer una aclaración a la frase en cita de que, siendo alcalde de San Sebastián entre fin de 1936 y comienzos de 1937, «no fue capaz de mantener el cargo». Como explico en mi libro Una familia vasca. Serapio Múgica Zufiría (1854-1941) no fue a la capacidad de mantenimiento a la que se debe achacar el cese en la Alcaldía, sino a la orden de destitución del cargo, unida a la sanción de destierro pronunciada por el gobernador civil, señor Arellano, que transcribo, con los comentarios de mi abuelo Serapio Múgica, en las páginas 265 y 266 de mi citado libro. Posteriormente, y ya señalado como persona mal vista por el régimen, fue encarcelado. Con lo que mi padre José Múgica Múgica tuvo la entonces nada rara virtud de haber sido perseguido por ambos bandos contendientes, pues tampoco hay que olvidar que salvó la vida porque los milicianos que vinieron a por él a nuestra casa de San Seastián no le encontraron. La enseñanza que estos hechos nos han dejado ha sido la siguiente: «Dejémonos de divisones en izquierdas y derechas, republicanos o monárquicos, centralistas o separatistas, y fijémonos tan sólo en una dicotomía: buenas personas y malos bichos. ¿Estemos siempre con los primeros, ninguna excusa es buena para ubicarse con los segundos!».



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