Nada es lo que parece, ya se sabe, y menos en un atraco a gran escala que comienza con unos pacíficos pintores que esconden bajo el uniforme de trabajo a los astutos ladrones. Nada es lo que parece en Plan oculto, y ya lo advierte el personaje de Clive Owen al comienzo hablando directamente al espectador: «Estén atentos porque no lo voy a repetir dos veces». Y a partir de ahí se va descubriendo todo lo que hay debajo, o alrededor, o además del atraco a un banco de Nueva York. A pesar de lo que pueda parecer, el director Spike Lee no se ha apuntado al thriller convencional y comercialmente resultón, porque bajo la apariencia del plan perfecto para salir con el botín rumbo a una buena vida hay muchísimas cosas, que no vamos a desvelar aquí, y que el guionista Russell Gewirtz ha ido colocando y engarzando muy hábilmente.
Pero Plan oculto es más que un ingenioso puzzle de apariencias. Descubre bajo su epidermis focalizada en el gran banco todo un organismo de corrupción, abuso y robo que ocurre a la luz del día en el ambiente cotidiano y diáfano de las grandes instituciones de la ciudad. Descubre no ya planes ocultos, sino prácticas habituales sin castigo ni persecución. Aunque el guión le sea ajeno, Spike Lee lo asume plenamente, no sólo trabajando intensamente cada movimiento de cámara, cada recodo de un ritmo narrativo apasionante, sino reforzando la convivencia y el choque de razas en Nueva York en el que no existe la igualdad que las instituciones proclaman. El interrogatorio al sij es tan irónico como ilustrador en este sentido: no sólo le confunden con un terrorista, sino que tratan de convencerle de que la ciudad le da las mismas oportunidades que a un americano auténtico. El Spike Lee antirracista está más insidioso y acertado que antaño. El reparto es de lujo en los nombres, pero sobre todo es acertado en los cometidos, con un curioso personaje para Jodie Foster y todo un reto interpretativo para Clive Owen. Plan oculto parece una de atracos, pero da mucho más que entretenimiento ingenioso.