Domingo, 16 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Boletines     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

CULTURA
Cultura
Meye Maier, ejemplo de elegancia y sobriedad
La Fundación Balenciaga exhibe los trajes que pertenecieron a la vizcaína y que su familia ha donado
Meye Maier, ejemplo de elegancia y sobriedad
Mariano Camio posa ante algunos de los diseños expuestos, con la fotografía de Cristóbal Balenciaga en el fondo. [JOSE USOZ]
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

SAN SEBASTIÁN. DV. El Museo Balenciaga recibió hace unos meses una nueva donación de trajes diseñados por el modisto. Son cuarenta piezas, más dos sombreros, que pertenecieron a Meye Maier. Ahora, el centro que vela por mantener el legado del getariarra expone una selección de estos vestidos que muestran perfectamente la personalidad de la getxotarra, apellidada Allende Maiz de soltera. El lujo de la sobriedad, además de mostrar cómo Balenciaga mantenía su maestría pese a plegarse a los estilos de sus clientas, también es un repaso a la sociedad de Neguri porque se han colocado cerca de sesenta fotos, la mayoría de los años 40, 50 y 60, donde se puede ver a Meye Allende el día de su boda, -se casó en 1944 con Enrique Maier, que fue campeón de Wimblendon en dobles y siete veces de España-, en un barco como si fuera Jacqueline Kennedy, en la boda de su prima Victoria Ybarra en Dos Hermanas, en diversas ocasiones con Don Juan de Borbón, jugando al golf -fue campeona de España-, y en otros saraos

A través de los vestidos y de las imágenes se puede comprobar cómo fue su vida: una mujer muy guapa -hay fotos en las que parece una actriz de los años 40-, elegante, pero sin sobresaltos, marcada por la depuración del estilo y sin accesorios innecesarios. Su hija, la diseñadora Meye Maier Allende, la define como «el ejemplo de la discreción, no le gustaba ir impactando». La vizcaína fue fiel al modisto hasta que clausuró su casa de París en 1967. Fue una de las clientas a las que llamaron cuando Balenciaga cerró su taller y puso a precios rebajados los trajes que allí tenía almacenados.

Al poco puesto en cuestiones de moda puede sorprender que la firma de todos estos vestidos ahora presentados sea EISA, Mariano Camio, vicepresidente de la Fundación Balenciaga, explica que es el nombre que utilizaba el modisto para sus creaciones españolas. «Al principio de su carreta tuvo un pequeño taller en San Sebastián que no funcionó y cerró con suspensión de sueldos. La ley española de entonces no permitía que en una situación así se volviera a emplear el mismo nombre de la empresa. Por esta razón cuando en Madrid abrió su tienda no pudo poner Balenciaga, al contrario que en París que sí se lo permitieron, y optó por firmar sus diseños con EISA, inspirándose en el apellido de su madre, Eizaguirre».

La exposición El lujo de la sobriedad, patrocinada por la Diputación Foral de Gipuzkoa, es la constatación, como explica Mariano Camio, de que Balenciaga «hacía costura inteligente, arquitectura pura, todos los elementos de un traje tenían su razón de ser. Mientras otros cosían simplemente, él hacía arte».

La donación de los cuarenta trajes, de los que están expuestos 15, sirve a la Fundación para mantener la ilusión de que todavía hay gente que está dispuesta a partipar en este macroproyecto de reinvindicar, a través del museo, la figura de Balenciaga. «Al principio hubo muchas donaciones; luego la dinámica se ralentizó. Además, se ha dado una cosa curiosa, pero hasta lógica. La gente no se da cuenta de que estas piezas necesitan un mantenimiento, con una luz y una temperatura adecuadas. Muchas personas tienen los vestidos en casa y, cuando ven que tienen valor, piensan que dejándolos en casa se van a revalorizar, cuando lo que realmente sucederá es que con el tiempo se perderán por la mala conservación».

Sin complementos

La exposición El lujo de la sobriedad se muestra tal cual era Meye Maier. Camio indica que «por el catálogo con todos los diseños de Cristóbal Balenciaga podemos saber qué tipo de complementos había ideado para estos trajes, pero hemos preferido mostrar cómo los llevaba ella porque la muestra es de sus trajes. No llevaba broches ni sombreros y por eso no están en la exposición. Pero a pesar de su sobriedad era una persona muy elegante. Su hija comenta que le recuerda como una especie de hada entrando en su habitación, antes de salir a una fiesta, para darles el beso de buenas noches».

Entre las piezas expuestas se encuentra el traje de novia que la vizcaína lució el día de su boda. «A nosotros ha llegado como un traje de noche porque entonces había la costumbre de remodelarlos y aprovecharlos para otras ocasiones. No hay que olvidar que era la posguerra. En este caso tiene un valor especial porque fue el propio Balenciaga quien hizo el nuevo diseño y supone un ejemplo de la funcionalidad de sus trajes», indica el vicepresidente de la Fundación.

Vestidos de fiesta, de coóctel, trajes de paseo y abrigos se exhiben en la sala del Parque Aldamar. También están las fotografías, pertenecientes al álbum familiar, y algún otro detalle como una factura de 1945 donde aparece que por un vestido de novia pagó 6.000 pesetas, y por un abrigo 2.000. Un vestido de noche costaba 4.550 pesetas.

Mariano Camio recuerda que «ésta es la última exposición que vamos a montar antes de la inauguración del nuevo museo. Estará hasta septiembre y luego nos volcaremos totalmente en preparar todo para la apertura». Por este motivo, algunas de las iniciativas que se han estado manejando, como la recuperación de la casa natal del modisto o la creación de una cátedra con el nombre de Cristóbal Balenciaga, quedan aparcadas de momento».



Vocento
Monitor de tráfico Bidegi Canal Meteo Webcam