OARSOALDEA. DV. Cheng-I Fly, una vieja paloma oriental que ya no puede volar; Paulov, una rata de laboratorio procedente de Europa del Este; Ramón, un cucaracha caribeña que lleva el ritmo en el cuerpo; y Tano, un gato negro callejero que se revela como el líder de este variopinto grupo.
La vida de todos ellos da un giro de ciento ochenta grados la noche de Navidad, cuando una pija y arrogante gata, llamada Nora, cae por accidente del camión de la mudanza que la traslada a su nueva casa.
Los sueños de los cuatro amigos, que anhelan dejar atrás una existencia marcada por la miseria y las calamidades, parecen estar más cerca de hacerse realidad nada más tener noticias de la importante recompensa que se promete a quien devuelva a la felina sana y salva a su hogar. Sin embargo, pronto descubrirán que la tarea no resulta tan sencilla como imaginan.
Este es el punto de partida del argumento de Supertramps, la película de dibujos animados dirigida por los jóvenes donostiarras José María Goenaga e Iñigo Berasategui. Las peripecias que conforman su trama discurren en escenarios de ficción inspirados en diferentes rincones del Sur de Francia y Gipuzkoa, entre los que se incluye Pasai Antxo.
Según explica Ricardo Ramón, productor y encargado de la coordinación de maquetas de esta producción, «nos hemos decantado por las localidades que mejor conocíamos».
Y añade que «la película sucede en una ciudad que bien podría ser San Sebastián y sus alrededores, las mismas zonas en las que vivimos los de Dibuditoon Studio -la empresa que ha actuado como productora junto a Irusoin y Barton Films-. Nos decidimos por Antxo, Irún, San Sebastián y Biarritz. Son lugares que dan perfectamente en la película. Se puede decir que, de esta forma, nos hemos dado un homenaje a nosotros mismos».
El proceso de transformar las localizaciones en decorados puso a todo el equipo de profesionales del mencionado estudio en acción. Ricardo Ramón señala que «empezamos haciendo montones de fotos de los sitios que podían ser interesantes, incluyendo esquinas, farolas, bancos o basureros. Los directores y directores de arte tomaron la decisión de elegir los que mejor les iban, y a partir de ahí hicimos más fotos, las buenas, para confeccionar las maquetas».
El resultado fue un total de trece maquetas realizadas a escala a base de látex, escayola, madera, barro y metal, entre otros materiales. Con ellas se ponía fin a cerca de dos meses de intenso trabajo, en los que imaginación y fantasía se dieron la mano en más de una ocasión, sobre todo en aquellos casos en los que sus creadores no dudaron en tomarse pequeñas licencias a la hora de representar los exteriores.
«Siempre que se trata de hacer dibujos animados, la fantasía es libre. Por eso nos permitimos algunos cambios, como juntar portales que a lo mejor se encuentran más lejos uno de otro o mezclar elementos de diferentes sitios en función de lo que mejor podía servirnos», confiesan.
Éxito del cine vasco
La película, en la que se combina animación en 3D e imagen real, se ha revelado como uno de los últimos triunfos del cine vasco. Su argumento ha triunfando entre el público infantil, pero también entre quienes la seleccionaron como candidata al Goya en la anterior edición de estos premios. Desgraciadamente, el galardón fue a parar a manos de otra producción.
«Con palmarés o sin él, Supertramps logra sorprender a niños y adultos, en especial a quienes residen en Antxo y pueden descubrir, gracias a la magia del séptimo arte, un familiar callejón, un cruce de calles o el garaje situado bajo su vivienda envuelto en un sueño de celuloide».