A ti, compañero insolidario de la carretera. A ti que excedes los límites de velocidad o que coges el coche después de forrarte a gintonics. A ti que andas por ahí sin el seguro obligatorio del vehículo o sin carné y que por las noches duermes tan bien. Has de saber...
Desde el pasado jueves, en el extracto de mi dañada cuenta corriente figura ya el cobro de la viñeta de este año; la pegatina del cristal de mi valiente Seat Ibiza me recuerda que tengo que pasar la ITV en junio; el mes pasado, mi cartera salió temblando del taller mecánico y, lo peor, es que todavía no sé qué demonios es «la junta de la trócola» ni sus «manguitos» -¿Será un nuevo grupo de reggaetón?-; en mayo, una carta desde Madrid me recordará que el 30 de ese mes tendré que hacer frente al pago del seguro del coche...
Amigo insolidario, en esa póliza me cargarán otra vez no sé cuántos euros para que, entre otras cosas, el Consorcio de Compensación de Seguros se haga cargo de los posibles destrozos que pueda causar tu coche indocumentado.
Compañero en la carretera, escribo todo esto a modo de terapia y pataleta personal -¿qué a gusto se queda uno!- y porque deseo que comprendas que la solidaridad en la carretera existe. Por favor, cumple las normas y págate un seguro.