La cosa empezó el miércoles al mediodía. De pronto, se empezaron a oír por la ciudad conversaciones en francés. Junto al mercado de San Martín, en el McDonalds de La Brecha. Antes, a los del otro lado se les notaba de lejos que eran franceses. Ahora, sólo cuando abren la boca.
Al mismo tiempo, los compañeros de trabajo empezaban a agitar sus mapas y a despedirse. Que si nos llamamos por el móvil y nos vemos en algún restop, que si cómo se te ocure ir por esa ruta, que si pasadlo bien. El éxodo. Alguien tiene que irse del tablero para dejar su espacio a los francófonos. Los que nos quedamos, asistimos al cambio de fichas.