ETA ha enviado durante los últimos años entre 70 y 130 cartas de extorsión mensualmente, según fuentes de la lucha antiterrorista. Los datos que se conocen por documentación intervenida a la organización en territorio francés indican que el número de cartas remitidas ha oscilado entre las dos cifras mencionadas. Lo que sí parece una constante es que aproximadamente un tercio de las cartas eran nuevas. Es decir que se trataba de cartas dirigidas por vez primera a un empresario para solicitarle dinero bajo amenazas.
El resto de las cartas eran recordatorios de misivas anteriores ya que ETA acostumbra a enviar hasta cuatro «avisos» a quienes no ceden al chantaje. Después de la primera carta, la organización va incrementando el nivel de sus amenazas, al tiempo que «impone» recargos que llegan hasta un 5% mensual sobre la cantidad inicialmente reclamada por impago. Con la cuarta carta llega un ultimátum en el que ETA comunica al receptor que a partir de ese momento es un objetivo.
De la realización de estas tareas se encarga una estructura especial existente dentro de ETA denominada Gezi, que tiene también entre sus funciones la de realizar atentados contra las empresas que se han negado a ceder a la extorsión. El pasado año, ETA llevó a cabo 18 atentados con bombas contra otras tantas empresas que se habían negado a entregarle dinero y en el primer trimestre de 2006 cometió otros tres atentados similares.
Según datos a los que tuvo acceso la agencia Vasco Press, entre los años 2001 y 2003, ETA registró ingresos por extorsión de alrededor de 130.000 euros al mes, como media de todo el periodo. En 2004, los ingresos se hundieron de forma espectacular y cayeron a la mitad de los años anteriores, situándose en torno a poco más de 60.000 euros al mes, cifra insuficiente para cubrir gastos.
Además de la extorsión habitual, a lo largo de los últimos dos años, ETA ha enviado cartas de chantaje a empresas que tenían conflictos laborales. Una de estas empresas con problemas laborales llegó a pagar 18.000 euros.