Jueves, 13 de abril de 2006
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1.000 euros en los pañales
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Bernardo Provenzano fue trasladado ayer a la prisión de Terni, en el centro del país, en régimen de total aislamiento. Tiene una celda de veinte metros cuadrados para él solo, es vigilado 24 horas a turnos por un agente y también por una cámara. Le cocinan su propia comida, para evitar envenenamientos, y no puede leer ni ver la televisión. La única novedad de su reclusión facilitada por las autoridades, un detalle muy personal, es que lleva pañales debido a su incontinencia tras la operación de próstata. En esos pañales precisamente tenía escondidos 1.000 euros en el momento de su captura.

En su escondrijo se han encontrado 200 papelitos, los mensajes que enviaba y recibía para dirigir la organización. Hay de todo y dibujan su actividad: dirime conflictos por unos terrenos de familias de su zona, que piden consejo al zio Binnu (el tío), imparte órdenes sobre adjudicaciones de contratos que se debían amañar, extorsiones a realizar y hasta pide que le envíen pasta al horno.

También reflejan que le gustaba mucho ver la televisión y que pidió urgentemente otra cuando se rompió la que tenía. También recortaba cuidadosamente los artículos de mafia de los periódicos y otros medios de comunicación con un bisturí.

Las cinco biblias que tenía son un elemento curioso: una la leía a menudo, subrayaba párrafos y rodeaba con bolígrafo líneas y números. Las otras estaban casi sin tocar. Quizá responda al uso de un código secreto, una de las claves de la investigación.

En los papelitos, los nombres son sustituidos por números, pero la Policía no ha encontrado nada para descifrarlos. Sospechan que Provenzano, muy escrupuloso, los sabía todo de memoria.



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