La rivalidad entre las dos compañías comenzó con aquel anuncio feroz de Camelo's Travel, en el que se ofrecía una rebaja de veinte euros en el pasaje aéreo a Londres a todos aquellos viajeros que pesasen menos de sesenta kilos, más un descuento adicional de un euro por cada fracción de cien gramos inferior al citado peso.
La compañía rival, Bon Voyage, no tardó en superar la oferta: lanzó un vuelo de ida y vuelta a Londres por noventa y nueve euros, siempre que los pasajeros se dedicaran, durante todo el trayecto, a bordar unos pañitos con las iniciales de la compañía.
Los directivos de Camelo's Travel contraatacaron proponiendo un vuelo aún más rebajado, al que denominaron Self Service-Autoflight. Los pasajeros no dispondrían de azafatas ni piloto ni de ningún tipo de personal. Se suponía que entre un centenar de viajeros siempre habría algún manitas que supiera conducir aviones y algún otro apañado dispuesto a servir un refrigerio.
La campanada final la dieron los de Bon Voyage al ofrecer vuelos de ida y vuelta a la ciudad del Támesis por sólo catorce euros. El eslogan de esta nueva promoción era «Total, son un par de horitas». En este vuelo de irrisorio precio, el viajero debería llevar su propio chaleco salvavidas, un bidón de gasolina y un bocadillo de casa. Además, estaba obligado a portar sobre las piernas a un pasajero delgadito. El seguro tampoco estaba incluido, pero bueno, el caso es conocer mundo.