María conoce de primera mano el profundo cambio que ha experimentado la Facultad de Derecho de Ibaeta. A sus 29 años, ha vivido los años de «masificación», cuando comenzó la carrera con 18 años, y los de vacas flacas, durante los dos últimos, cuando tras unos años decidió retomar y finalizar sus estudios. «Tenía una espinita clavada». Ese parón de cuatro años, «en los que he estado trabajando», le ha servido para darse cuenta de que «quiero ejercer como abogada». Para empezar, está cursando la Escuela de Práctica Jurídica, que le capacita para ejercer en el turno de oficio. «Si me preguntas hace un año, te hubiera dicho que no me veía preparada para nada, pero ahora ya he empezado a hacer cosas para mi familia y amigos y estoy intentando buscar un despacho para hacer la pasantía», explica esta joven donostiarra inquieta y con intención de tocar a todas las puertas para abrirse un hueco. «Aunque no puedas abrir la boca, me gustaría seguir a un abogado para aprender cómo se mueve, los plazos, los procedimientos », la práctica de una profesión que no sólo transcurre en los juzgados. Pero ya ha comprobado que no lo tiene fácil. «En octubre, envié un e-mail a muchos despachos, pero no obtuve ni una sola respuesta», reconoce, pero no se da por vencida. «Después de Semana Santa, empezaré a recorrerlos a pie dejando mi curriculum», dice. Y es que «aquí los abogados están muy asentados», lamenta. A pesar de todo, no renuncia a su meta de crear algún día su propio despacho -aunque últimamente los grandes bufetes reclaman cada vez más abogados, en Gipuzkoa la mayoría son despachos de uno o dos socios-. «Siempre me ha gustado el derecho penal, pero ahora a nivel particular estoy 'llevando' algún caso de civil y mercantil», comenta. 'Llevando' entre comillas porque aún no ha cumplido el trámite (y pago) necesario de la colegiación.