El magistrado Juan del Olmo dedica todo un capítulo de su auto de procesamiento al cerco del piso de Leganés donde se había refugiado el comando el 3 de abril de 2004 y avala la actuación de los miembros del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía, que, por primera vez en sus 28 años de historia, perdió a un integrante de la unidad, el subinspector Francisco Javier Torronteras.
Fueron sólo unos minutos, pero el juez le dedica más de quince páginas en las que rememora lo que ocurrió y cómo los policías de élite cumplieron a rajatabla con todas «las comprobaciones y estudios previos» que requería esa situación límite.
Según el relato del instructor, los funcionarios hicieron todo lo que estaba en su mano para «hacer ver a los terroristas que estaban rodeados y que no tenían escapatoria» y para terminar con la crisis de la forma más pacífica posible. Sin embargo, el auto insiste en la idea de que los siete yihadistas ya tenían pensando suicidarse y que nunca consideraron rendirse.
Todos los intentos de la Policía por hacer salir a los atrincherados eran «respondidos con disparos». «Del interior del piso salían balas que daban en la pared de rellano. No veíamos los disparos pero sí que se oían perfectamente», recuerda el ‘geo’ con carnet 27.288, cuya declaración consta en el procesamiento.
Las únicas respuestas a los continuos requerimientos de la Policía para que los activistas se rindieran eran las descalificaciones. «Se limitaban a dar voces, cánticos y oraciones y, a veces, se oían palabras insultantes en castellano, se les notaba muy excitados», rememora el agente 28.354.
Máscaras de gas
Fue entonces cuando el jefe del grupo de ‘geos’ ordenó que los policías se pusieran las máscaras de gas «como paso previo al disparo de munición de gas lacrimógeno». En ese momento, prosigue el auto, uno de los terroristas «dijo a gritos que iban a enviar a un emisario». Los agentes, que sospechaban que era un suicida, exigieron que saliera desnudo y con las manos en alto. Fue entonces cuando se produjo la «tremenda explosión» cuya onda expansiva «expulsó violentamente a los policías».
Aquella onda alcanzó de lleno a Torronteras. La explosión le lanzó hacia atrás y su cabeza golpeó con violencia contra un «plano resistente». Además, un «gran fragmento de ladrillo» le perforó el muslo y le destrozó la arteria y la vena femoral.
De la envergadura de la explosión da cuenta el trabajo de los Tedax y de la Policía científica: los especialistas, sólo en la primera exploración entre los escombros, recogieron 49 restos humanos identificables procedentes de los suicidas. El procesamiento también da cuenta de las miles de horas que los funcionarios trabajaron para recabar centenares de pruebas entre los cascotes del piso de Leganés, objetos y vestigios que luego serían claves para la identificación de los terroristas y para el desarrollo de la investigación.