Los ministros europeos de Asuntos Exteriores confirmaron ayer la decisión de suspender temporalmente toda asistencia económica directa al Gobierno islamista palestino, aunque haciendo todo lo necesario para mantener programas de ayuda humanitaria e intentar evitar todo colapso de la Autoridad Palestina. La UE ha hecho realidad su compromiso de «esperar y ver» lo que hacía el Ejecutivo del Movimiento de la Resistencia Islámica -Hamás- y tras constatar que éste no ha hecho nada concreto para cumplir las tres condiciones puestas al mantenimiento de la ayuda: renunciar a la violencia, reconocer a Israel y asumir todos los acuerdos previamente aceptados por la Autoridad Palestina y la OLP, no ha tenido más remedio que actuar en consecuencia. Aun así, Bruselas ha insistido en que seguirá manteniendo contactos de carácter técnico, nunca político, al tiempo que busca fórmulas para que un mínimo de ayuda continúe llegando a la población palestina. Incluso ha tratado de mostrarse imparcial con un comunicado en el que reserva a Israel inequívocas recomendaciones sobre la necesidad de que entregue a los palestinos el dinero de tasas e impuestos que recauda en su nombre -50 millones de dólares mensuales-, detenga la colonización y la construcción del muro.
El Consejo Europeo tenía que decidir entre mirar hacia otro lado y comprar una costosa -y con la llegada de los islamistas más que cuestionable- influencia sobre la Autoridad Palestina o ser consecuente con su política antiterrorista. Es evidente que el gesto de la UE no saldrá gratis, el Gobierno de Haniyah ya había avisado que aceptaría fondos de sus hermanos iraníes. Ahora, sólo cabe esperar que el Gobierno de Hamás reconduzca su comportamiento hacia unas posiciones que puedan ser asumidas por la comunidad internacional y que no se deje arrastrar con decisiones que condicionen la viabilidad del Estado palestino y la seguridad de su pueblo.