Martes, 11 de abril de 2006
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Análisis, por Enrique Vázquez: El fin del taumaturgo
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Toda la presunta magia de un Berlusconi solo contra todos, porque él se apoderó de la campaña electoral de la Casa de las Libertades y secó a sus socios de coalición, no sirvió esta vez: Romano Prodi, un probo ex primer ministro, le ganó ayer las legislativas al frente de una coalición de centro-izquierda y formará el próximo gobierno de Italia.

El resultado, anticipado por las encuestas, resulta contundente, aunque aritméticamente no sea aparatoso porque, por la voluntad de Berlusconi, que se equivocó en esto, la jornada se había convertido en un referéndum de hecho. El caballero entregado a la inmarchitable tarea de derrotar a los comunistas, esta vez agazapados tras el 'tonto útil' de Prodi, haría de nuevo el milagro si se le dejaba.

Pero no ha sido así y el fundador con métodos gerenciales de Forza Italia, el primer partido del país, arremetió contra la Unión de Prodi desde una posición arcaizante de líder carismático que se acomoda mal hasta con los italianos, que votan mucho aunque, como buenos latinos, tienen a entregar su alma a un jefe mejor que a una institución.

Han preferido esta vez a un antiguo presidente del Consejo en las antípodas de il Cavaliere: por no tener, Prodi no tiene casi partido, pero ganó brillantemente las primarias en su coalición -la Unión- y se le tiene por un honrado gestor capaz de restaurar las finanzas públicas, que vive de su salario mensual y de quien se puede razonablemente esperar que no será procesado un mes sí y otro también -a Berlusconi le aguardan los jueces de Milan en julio imputado por presunto soborno de testigos-.

Los males de la república están bien diagnosticados y el ministro saliente de Economía, Giulio Tremonti, los conocía de sobra: crecimiento cero de la economía, deuda pública desmadrada y déficit fiscal cercano al 4% del PIB más desempleo estancado. Si se añade el vaciamiento brutal que de las opciones tradicionales de la política exterior italiana hizo Berlusconi por su alianza incondicional con Bush, se tiene el cuadro completo.

Prodi no lo tendrá fácil, sobre todo porque deberá pastorear una coalición heteróclita cuajada de pequeños líderes de taifas laterales. Pero es seguro que aportará una cierta tranquilidad, cerrará por así decirlo una especie de largo paréntesis en el que se ha hecho la política de modo insólito, personal y cercano a veces a un registro entre cómico y trágico que ha tocado fondo.



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