Martes, 11 de abril de 2006
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DEPORTES
CICLISMO aficionado
Juveniles en el 'infierno'
Unai Iparragirre, Hasier Olea, Urko Eizagirre, Julen González y Jokin Iartza participaron con Gipuzkoa-Moyua en la París-Roubaix para juniors.
Juveniles  en el 'infierno'
Hasier Olea, Julen González, Urko Eizagirre y Unai Iparragirre, con Félix Ugalde, su director y dos mecánicos. [LOBO ALTUNA]
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SAN SEBASTIÁN. DV. Dicen que para poder andar bien en las clásicas del Norte, como el Tour de Flandes o la París-Roubaix, hay que vivir las clásicas desde dentro y conocerlas en profundidad. La Federación Guipuzcoana de Ciclismo se ha puesto manos a la obra y la selección de Gipuzkoa-Construcciones Moyua ha corrido estas semanas el Tour de Flandes con los aficionados y el domingo los juniors participaron en el denominado 'infierno del Norte' o sea, la París Roubaix.

Hasier Olea, Urko Eizagirre, Unai Iparragirre, Julen González y Jokin Iartza formaban la selección junior. «La experiencia ha sido increíble» asegura Unai Iparragirre, que logró terminar en el puesto 40 a 6:47 del holandés Raymond Kremer. «Es otro nivel» interviene Julen Gonzalez, que no pudo acabar la carrera tras sufrir una caída y un pinchazo. Julen subraya que «participa gente de mucho nivel de Italia, Bélgica, Holanda, Francia...».

La carrera se hace muy dura debido a los tramos adoquinados. Cubrieron 112 kilómetros y pasaron catorce tramos de pavés. Hasier Olea, que pudo terminar la carrera, explica que «no cruzamos el bosque de Arenberg pero sí el Carrefour de l'Arbre». Urko Eizagirre acabó en el mismo grupo que Olea. Se quedó con la belleza y la emoción de cruzar esas zonas míticas en la historia del ciclismo, repletas de gente y con incluso alguna ikurriña en el recorrido. «Carrefour de l'Arbre es lo más duro y el tramo más bonito. En la cuneta había un gentío increíble ya que detrás nuestro venían los profesionales».

Todos ellos destacaron el ambiente. «Todos los tramos están llenos, al igual que el velódromo. Al llegar a Roubaix y al entrar al velódromo te entra un subidón enorme».

En el momento de entrar en los tramos adoquinados, la tensión es grande, según comentan. «Hay muchas caídas, incluso antes de entrar a las zonas de pavés. Te pasan por encima, hay codazos. Nosotros no estamos acostumbrados a correr de una forma tan agresiva. Incluso vimos algunos enganchones entre corredores».

En la París Roubaix todo es distinto y los juniors guipuzcoanos lo pudieron comprobar de cerca. «La dureza es enorme. Yo me esperaba algo más sencillo. Las piedras no están colocadas en orden y das grandes botes» asegura Unai Iparragirre. Para Urko, «incluso los tramos sencillos costaban un montón. Te quedabas atascado». El dolor de manos y el cuerpo dolorido son síntomas habituales tras la carrera. «Sobre todo sufres al agarrar el manillar» asegura Julen González.

Este año los corredores tuvieron suerte y el recorrido estaba totalmente seco, pero el sábado conocieron cómo son los tramos con lluvia. «Cayeron grandes trombas de agua pero por fortuna el domingo no se repitieron».



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