IRUN. DV. Sobre una superficie de 1.400 metros cuadrados cubiertos por una carpa, se alinean, colocados en cuatro filas, más de 90 terrarios. Tortugas gigantes de las islas Seychelles, caimanes americanos, iguanas, lagartos, cocodrilos, pitones de Birmania, cobras, serpientes de cascabel, boas y otros ofidios habitan las urnas climatizadas. Nada más cruzar la puerta de la exposición, el visitante siente cómo una corriente de aire helado le separa el cuerpo de la ropa. No hace ningún frío en el local. Todo lo contrario. Es la leyenda maldita de los reptiles la que provoca el repeluco. Desde que la serpiente entregó a Eva la manzana del pecado, los ofidios no se han podido quitar de encima ese sambenito.
El mundo reptil
Benedicte Cujean, encargada de la exposición de reptiles más grande de Europa, que abre hoy sus puertas al público en el recinto exterior de Ficoba, asegura que los reptiles «no son ni fríos, ni agresivos. Es sólo una leyenda», insiste, mientras nos anima a acariciar a una enorme pitón albina que no deja de sacarnos la lengua bífida. «Es muy tranquila y tiene un tacto muy agradable. Sólo ataca cuando se ve amenazada». Nos resistimos a tocarla, pero al final claudicamos y acariciamos al animal. Es suave y está templada. «Tiene unas lámparas especiales en el terrario, que mantienen la temperatura adecuada. Ellas no pueden pasar frío».
Muy cerca de la puerta de entrada, una de las estrellas de la exposición se desliza lenta y sigilosamente por su terrario. Está mudando la piel. «Es una pitón de 8 metros, la más grande que hay en cautividad», añade Benedicte. «Pesa 150 kilos y para moverla se necesitan siete personas».
Pero el animal más voluminoso de la muestra es Poseidón, una tortuga macho de las Seychelles que pesa 450 kilos y tiene más de 100 años. «Las tortugas son muy longevas. No sabemos cuántos años pueden llegar a vivir. Hay una leyenda en el zoo de París que asegura que uno de sus ejemplares está allí desde los tiempos de Napoleón», se ríe Benedicte.
Las tortugas gigantes son los únicos reptiles de la exposición instalada en Ficoba que pueden verse sin cristal de por medio. «Son las mismas tortugas de las islas Galápagos. Pero mientras que las de Galápagos no pueden salir de la isla, las de Seychelles, sí. Su gobierno ha vendido cien ejemplares a zoológicos y terrarios, porque había demasiada población y la comida era muy escasa. Con el dinero de esta venta, se va a hacer una reserva natural para estos animales», explica Benedicte.
Una cuidadora está dando de comer a Melusine, una de las cuatro hembras de Poseidón. «Gastamos bastante dinero en comida», comenta Benedicte Cujean.
Además de las pitones y las tortugas gigantes, otros reptiles de esta exposición llamarán la atención de los visitantes. En una gran urna con un pequeño lago incorporado conviven en armonía Micky, Titine y Néstor. Son hermanos y caimanes del Mississippi. Parecen muy tranquilos. Más amenazante es el cocodrilo marino australiano, un animal peligroso, cuya dieta incluye a los hombres.
Benedicte Cujean animaba ayer al público, sobre todo a los niños, a visitar la exposición. «Es como un curso de ciencias naturales», decía. «Cada reptil lleva en su terrario una ficha biológica completa, en castellano y euskera.