Jueves, 6 de abril de 2006
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Impiden que Berlusconi tenga un programa de publicidad electoral para él solo en su cadena
La autoridad televisiva evitó que violara la ley de paridad de propaganda a 3 días de los comicios
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ROMA. DV. A tres días de las elecciones generales, la campaña italiana mostró ayer hasta qué punto han llegado los nervios por el incierto resultado. El primer ministro, Silvio Berlusconi, se saltó la ley anunciando en un mitin que, según sus sondeos, ya está por delante, pero pasó la mañana intentando violar otra norma electoral aún más sagrada: en contra de las reglas de paridad publicitaria, pretendió dedicarse todo un programa en Canale 5, la principal de sus tres cadenas televisivas. Al final lo impidió la autoridad que vela por las normas televisivas.

Pero para hacerse una idea de lo que podía haber sido ese programa bastaba ver a Berlusconi por la tarde en su mitin de Roma. Advirtió a los católicos que no pueden votar por el centro-izquierda «porque está contra la Iglesia». Dijo que la oposición triplicará el impuesto de la vivienda que él quiere eliminar. Sobre el asesinato del pequeño Tommaso echó la culpa a los «jueces de izquierda que no aplican la ley».

Protesta de la redacción

Un show descontrolado de Berlusconi de este tipo en la hora de máxima audiencia es con razón la peor pesadilla de Prodi, pero lo prohíben las reglas de equidad de presencia política en los medios durante la campaña. Los espacios televisivos deben contar siempre con un representante de las dos partes para garantizar el equilibrio. Il Cavaliere intentó suprimir estas normas en los últimos días de la legislatura, porque según él son «una mordaza a la libertad de expresión», pero al menos esa vez no consiguió el apoyo de sus aliados.

Ayer empezó a correr el rumor de lo que preparaba Berlusconi y la oposición dio la voz de alarma. Finalmente, el magnate lo confirmó pero explicó que la autoridad televisiva ya había sido informada. Sin embargo, la entidad lo desmintió. Aunque il Cavaliere alegó que el equilibrio de las partes estaría asegurado porque llevaría periodistas «de izquierda» para que le hicieran preguntas, la autoridad le advirtió que negaba su permiso. Al final, Berlusconi renunció.

Para esas horas, incluso la redacción de Canale 5 había divulgado un comunicado declarándose «firmemente contrario» a servir como marco para «una rueda de prensa» del primer ministro, por considerarlo «no aceptable» en la recta final de la campaña. Lo más curioso fue ver al director de informativos de Canale 5, Carlo Rosella, acusar a la oposición de «desencadenar una acción mediática de chantaje» para impedir la presencia de il Cavaliere en sus programas.

«Somos todos gilipollas»

El peculiar llamamiento a los indecisos de Berlusconi («no creo que haya tantos gilipollas que voten a la izquierda») se ha revelado especialmente efectivo. Un grupo de voluntarios de la oposición vendía ayer pins con la frase «Somos todos gilipollas» en la Fontana de Trevi. Ya circulan chistes, mensajes de móvil y dibujos en Internet. Y en la calle, es tema de conversación.

Ayer, en un concurrido restaurante de Roma uno de los camareros comenzó a hablar amigablemente de política con un cliente, hasta que se fue gritando: «¿Pues sí, soy un gilipollas!». «¿Y yo también!», dijo levantándose de la silla una señora. Un médico de Crotone, votante de izquierda, ya ha denunciado a Berlusconi por difamación.



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