IRUN. DV. Una pancarta con el lema Teníamos razón... Lortu dugu! presidió la sala de la sede local de ELA en la que representantes de este sindicato, de LAB y de ESK presentaron, arropados por las trabajadoras de las empresas subcontratadas por el Ayuntamiento para las tareas de limpieza, el preacuerdo que significaba el final de más de dos meses de huelga.
Allí hubo risas, cantos, pintxos y una alegría contenida que estalló en el momento en el que Iñigo Zubeldia, responsable de ELA del área de Servicios, entró con el documento en la mano. Él, junto con Iker Callao, del sindicato LAB, y Marian Esnaola, de ESK, explicaron los términos que se fijaban en el acuerdo alcanzado con las empresas.
El acuerdo contiene todas las reivindicaciones fundamentales que se perseguían con la huelga. Para mayor claridad, se dividieron en cuatro aspectos. En primer lugar se trató el tema salarial, en el que se pedía una equiparación a las tablas de las trabajadoras de Secundaria de Txingudi, una equiparación que finalmente «se dará entre el 2006 y el 31 de enero de 2009» y supondrá una mejora del 35% que los sindicatos cifraron en «más de 5.200 euros». Por otro lado, desde el 1 de septiembre de este año, «el plus de antigüedad pasa a percibirse en trienios en lugar de en quinquenios».
El tercer aspecto, relativo a las bajas laborales se saldó con el «100% del salario real del mes» en la primera baja del año y el 95% hasta el vigésimo día de la segunda, con el 100% a partir del vigesimoprimero. El cuarto término en el que fructificó la negociación fue en el de la bolsa de trabajo. Los firmantes del preacuerdo se comprometieron a su creación para que «los contratos de sustitución, eventualidad y las posibles vacantes» se cubran «de forma ordenada y equitativa».
Con todo esto, Zubeldia consideraba que se alcanzaban «todas las reivindicaciones fundamentales» solicitadas, aunque confesaba que «habíamos pedido mucho para poder negociar hasta alcanzar las condiciones que tenían las trabajadoras de la limpieza de Secundaria de Txingudi Ikastola».
Los sindicalistas presentaron ese documento como «el fruto de una lucha muy larga y muy dura» y consideraron que «golpea en la línea de flotación de la precariedad y la discriminación». Calificaron de «histórico» este acuerdo «por lo que supone de mejora en los contenidos salariales y sociales, así como por las dificultades a las que ha habido que hacer frente para llegar a buen puerto». Citaban a este respecto «denuncias de ilegalidad de la huelga, expedientes por supuestos incumplimientos de servicios mínimos, amenazas de despido colectivo, sustitución de nuestros puestos de trabajo y muchas mentiras prefabricadas en los aledaños del poder».
«Negociar era la salida»
Apuntaron que «los grandes paganos» han sido «los alumnos, sus madres y padres, los mayores, sus familias y, en general, la ciudadanía de Irun». A este respecto recordaron que el conflicto nació «enmarcado en el ámbito laboral» y que han sido «otros» los que «se han dedicado a convertirlo en un grave conflicto social». Esnaola quiso aclarar que desde un principio se pidió la negociación «y después de todo lo que ha caído, teníamos razón. Era la única salida a este conflicto». Por eso, preguntaba «al PSOE y al PP» el por qué de haber padecido «tanta amenaza y tanto sufrimiento» y el por qué ha sido necesario llegar a una situación extrema, haciendo hincapié en que en cuanto se iniciaron las negociaciones se llegó a un acuerdo. Al PNV y a EA se les preguntó por «su silencio, tan significativo», mientras que Aralar, Irun Herria y Ezker Batua se llevaron el agradecimiento. Un agradecimiento muy compartido, que también se llevaron el resto de empleados subcontratados, empleados municipales, padres de alumnos, éstos y el resto de afectados directos, con doble mención especial de Zubeldia, a María, «una compañera que estuvo cuatro días en huelga sabiendo que iba a jubilarse y dio una lección de solidaridad y sentimiento y lucha de clase», y a los trabajadores de Basauri, que vivieron anteriormente una situación similar y que «nos pasaron el testigo de su lucha, nos hicieron el camino que hemos recorrido y sin cuya referencia esta batalla de Irun no se habría dado».
Después de la rueda de prensa, Zubeldia agradeció también la participación del Ayuntamiento «porque tengo la certeza moral de que ha intervenido. Este acuerdo no se podía haber concretado sin que el Ayuntamiento tomara parte». Aseguró también no tener ningún tipo de duda respecto a que este convenio se respetara en las futuras contratas y que no se municipalizará el servicio «porque para el Ayuntamiento no es rentable, le costaría 5.000 euros más cada funcionaria que cada empleada subcontratada. Además», añadió, «creo que nunca hubo intención de municipalizarlo y que fue una estrategia para forzar la negociación y el fin del conflicto».
Las empresas
No era tan positiva la valoración de las empresas. Antonio Rufo, representante de Eulen, decía que «ni positiva ni negativa. Es lo que hay y con lo que hay que seguir» y añadía que «lo único bueno es que se ha acabado ya». El comienzo de la negociación suponía que la empresa tendría que ceder y Rufo aseguraba que «dado que ellos, después de 70 días de huelga no iban a ceder mucho, ha terminado de la mejor manera posible, consiguiendo reducir algo sus expectativas».
El incremento hasta la equiparación salarial será lineal, con incrementos cada comienzo año, y las empresas confían en que a medida que se acaben los contratos actuales, los nuevos pliegos recojan las nuevas condiciones de las trabajadoras. «Así ha sido siempre y yo, que llevo ya unos años en esto, sigo manteniendo la fe en la buena voluntad de la gente», sentenció Rufo.