Desde de su desembarco en 2002, Toyota ha vivido en el reino de la abundancia -presupuestos ilimitados, alta tecnología disposición de su equipo de Fórmula 1, salarios indiscriminados para sus pilotos- y en la carencia de protagonismo en las pistas. Más de 400 millones de presupuesto, según rezan los datos no oficiales. Pero en la F 1 su ausencia de experiencia frente a gigantes con más tradición le ha penalizado. Ayer, Ralf Schumacher alivió los agobios que surcaban por la escudería rojiblanca.
Y lo hizo el hermanísimo sin que ningún síntoma anunciase la reacción. Hasta la fecha, los Toyota de Ralf Schumacher y Jarno Trulli habían sido carne de cañón en las contrarrelojes de los sábados. El podio de Ralf les renueva las ilusiones de estar entre los primeros.