Lunes, 3 de abril de 2006
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CULTURA
ALEJANDRO GARMENDIA | ARTISTA
«De niño enmarcaba el paisaje con el vaho que se formaba en los cristales»
«De niño enmarcaba el paisaje con el vaho que se formaba en los cristales»
Alejandro Garmendia posa en el jardín de su casa. [MIKEL FRAILE]
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- Su estudio en Manhattan ocupa el espacio de una antigua imprenta decimonónica, con grandes ascensores y maquinaria de gran tamaño. ¿De qué manera ha influido ese espacio en su obra?

- Cuando encontré ese estudio el barrio de Chelsea era una zona de almacenes en ruinas, más cercana al Hell's Kitchen que al Village. Ahora es una zona de moda llena de tiendas y restaurantes. Pero ni ese espacio ni Nueva York me han influenciado especialmente. Nueva York es hoy el icono absoluto de lo deja vu. Si conectas un televisor, hay muchas posibilidades de que veas una imagen de NY cada cinco minutos, y muy pocas de que aparezca Edimburgo, que me ha influido bastante más. Siempre que estoy en Edimburgo imagino argumentos para novelas negras, en NY siempre tengo la sensación de estar en un parque temático.

- La condición nómada, ¿forma parte de su estilo?

- En Nueva York llegué a vivir casi diez años y es mi récord de permanencia en un sitio. Siempre cambio de espacio cada menos tiempo, y eso forma parte de mi estilo.

- Sus fotografías invertidas en gran formato juegan con la deconstrucción espacial y la desubicación personal. ¿Hablan de usted o interpelan al espectador?

- Hablan de mí, interpelan al espectador y hasta piensan por cuenta propia. Mi intención es ubicar al espectador en esos espacios, pensar qué proporción tendríamos con relación a ellos y atrevernos a romper la conexión lógica de los acontecimientos. En realidad mis trabajos hablan de la gravedad y de la descontextualización. Aunque «no se ve», la gravedad influye decisivamente en la configuración de cualquier espacio.

- Roland Barthes proponía leer los lienzos abstractos como si leyéramos un texto. ¿Qué cuentan los suyos?

- Mi hijo Nicolás, con cinco años, me acompañaba a ver las galerías de Manhattan y era capaz de hacer una crítica muy solvente. Para él se trataba de emitir un juicio natural sobre algo que afectaba a su ecosistema, igual que el hijo de un granjero tiene una intuición especial para saber si va a llover. También me interesan mucho las reacciones de mi hija de catorce meses. Cuando mira mis cuadros, los toca y dice cosas que sólo yo entiendo.

- La expresividad 'bruta' de algunas de sus obras, ¿es una forma de expresar la cruda realidad?

- Parto de un proceso de investigación, pretendo que la materia se organice de una manera lógica, igual que la luz se organiza en una fotografía.

- En su último libro el filósofo Arthur C. Danto se refiere a la vejación de la belleza, considerada un descrédito en el arte contemporáneo. ¿Usted también huye de la vieja dama?

- Buscar la belleza como fin en sí mismo quizá sea tan destructivo, o tan banal, como huir de ella por sistema. Yo busco dar vida a una imagen interior, a un proyecto... No pienso en la belleza hasta que el cuadro está acabado. Si la imagen final respira cierta belleza, mejor para él. Pero si no es así, y, sin embargo, responde a lo que yo esperaba, entonces mejor para los dos.

- ¿Qué es arte y qué no es arte para usted?

- Cualquier cosa que situemos en un contexto artístico puede parecer arte. Pero para mí el arte esencial es raro, tiene que ver con un cierto milagro. Es decir aparece por sí solo, como producto de la inercia. Pero cuando te das cuenta, ya te ha abierto en el cuadro una puerta que no estaba.

- La 'bienalización' del mundo del arte, ¿hasta qué punto implica una forma de banalización del hecho artístico?

- En el mundo actual no es extraño y quizá no sea tan grave que se banalice el arte. Lo grave es que se banalice la realidad. Hoy la banalización lo envuelve todo.

- Da igual la feria Arco, la Bienal de Venecia o la Documenta de Kassel: por todas partes vemos lo mismo. ¿Angustia de la imitación o intento de suicidio masivo por parte de los artistas?

- Creo que fue Leonardo quien dijo que el arte empezaría a degenerar cuando los artistas empezasen a copiarse unos a otros. Desde entonces, me temo que estamos degenerando continuamente -lo cual no deja de ser sumamente creativo-.

- Por el contrario, tras la desaparición de los patriarcas -Oteiza/Chillida-, ¿cabe hablar de alguna forma de identidad-homogeneidad en el arte vasco contemporáneo?

- Sigue siendo el mismo árbol, pues las raíces son las mismas, pero sus frutos son ahora mucho más variados: puede dar desde peras y manzanas, simultáneamente, hasta productos precocinados.

- Un artista muy relevante me confesó que está dispuesto a organizar una toma festiva de la Bastilla en Tabacalera. Usted, ¿se sumaría al evento?

- Una vez me acerqué con un amigo pintor, todas las puertas estaban abiertas y entramos en todas las salas. No había nadie en ninguna. Buscamos alguien que nos guiara, pero no encontramos ni un alma en todo el edificio. Fue interesante.

- Ian McEwan se inició en la literatura a bordo de un autobús hippie que hacía la ruta Ámsterdam-Kabul. Cuéntenos su primera experiencia estética.

- También fue a bordo de otro viaje. De niño viajaba mucho con mi padre, yo enmarcaba el paisaje con el vaho que se formaba en los cristales del coche. Largos trayectos. Para venir de París a San Sebastián, trece o quince horas, sin autopista. Un Ámsterdam-Kabul, pero en Europa.

- ¿Y su primera pasión?

- Sin duda el cine. Me hice cinéfilo con diez años. Desde entonces soy consumidor compulsivo de celuloide.

- ¿Cuál es hoy su patria más verdadera?

- Además de en Nueva York y Edimburgo, he vivido en París, en Madrid, en Burdeos... y hasta en Bilbao. Aunque me siento muy parisino, mi verdadera patria es la república del Bidasoa. Me gusta vivir en las fronteras.

- Su infierno y su paraíso, ¿tienen nombre?

- Mi infierno es una lista interminable de fobias, manías y angustias. Mi paraíso es no tener prisa y disponer de mucho tiempo.

- Desde que leyó aquel relato de Conan Doyle, ¿sigue soñando con medusas voladoras?

- Se trata más bien de unos seres que gravitan en la atmósfera y que se alimentan de aviadores despistados. No sueño con ellos, son imágenes que la literatura deja en mi mente.

- Blumberger afirma que «la realidad carece de sentido propio, e incumbe al hombre encontrarlo». ¿De ahí la importancia de sus cajas de zapatos?

- Inventé esa técnica para crear imágenes. Consistía en introducir muchas fotografías pequeñas dentro de una caja de zapatos con una piedra impregnada de pintura. Luego cerraba la caja, agitaba el cocktail y en diez segundos la piedra había pintado unas cien imágenes. Después ampliaba las más interesantes.

- En este umbral del siglo XXI, ¿quedan utopías por las que merezca la pena luchar, incluso individualmente?

- Cuando miro a mis hijos pienso que ellos, sin saberlo, ya están luchando por todas las utopías.

DE BUENA TINTA

Nació en San Sebastián en 1960

Se inició en las artes como bajo acústico de un grupo deslumbrante abocado a la catástrofe, los 'Fatesteban'

Poco después, ya vemos sus primeros lienzos en el 'Homenaje a Kafka', organizado por la galería Windsor de Bilbao.

Inevitablemente, pasó por Arteleku

Desde entonces no ha dejado de exponer ni de recabar éxitos como el de su estreno en Nueva York, o sus reiteradas asistencias a Arco.

Tras su antológica de Oporto y mientras prepara una gran integral en Houston, hoy expone lo último en la Galería Altxerri de Donostia.

DE VIVA VOZ

Me fascina viajar en coche cama.

Aborrezco las prisas, los problemas y escribir cartas.

Me pierde hacer muchas cosas a la vez sin intención de terminar ninguna.

Me gana hablar con mis amigos acerca de ciertos personajes imaginarios a los que seguimos la pista.

Me pone conducir a través de paisajes .

Me indispone que me despierten de la siesta.

Me deja frío el fútbol y los deportes en general.

Me calienta poner música a todo volumen en mi estudio

Me perturba el ca-lor y el color de los países tropicales.

Me aturde el mediodía, de tres a cinco.

Me confunde ca-recer por completo de sentido de la orientación

Me aterran las series de televisión con risas enlatadas

Me enamora la escena de nieve en Doctor Zhivago.

Me repele el country.

Me seduce perder el tiempo.



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