«Empecé a fumar a los 18 años y desde entonces no lo he dejado, hasta ahora y todavía no me lo creo porque soy de los que fumaba paquete y medio o dos paquetes diarios. He estado más de un año con faringitis y con una voz muy ronca y fue lo que me motivó a apuntarme a este cursillo. En todo este proceso lo que más me ha costado fue retrasar la hora de fumar el primer cigarrillo. Fue uno de los primeros ejercicios que tuvimos que hacer y me costó muchísimo porque yo salgo de casa hacia las siete de la mañana y sin desayunar lo primero que hacía era fumar un pitillo. Suelo ir por las mañanas a comprar el periódico y a la sociedad para leerlo y estaba acostumbrado a encender diez u once cigarrillos mientras leía la prensa. ¿Una barbaridad! Pasaban las semanas y desde el curso se nos marcaba lo que había que hacer para reducir el consumo. A mí me costó mucho esfuerzo y mucha fuerza de voluntad quitar los cigarrillos que me fumaba en la sociedad, los de la tarde ya no me importaban tanto».
«Animado también porque la gente del grupo lo conseguía me propuse lograrlo y fui quitando cigarros hasta llegar el día en que el primero me lo fumaba a las 13.45h, una hora que voy a recordar, luego fumaba otro después de comer, en toda la tarde ninguno y otros dos después de cenar. ¿Todo un logro! hasta que he dejado de fumar del todo. Mi mujer es fumadora y me advirtió: 'si eres capaz de dejarlo yo también tiro el paquete'. Pues bien, creo ya puede empezar a tirarlo».