TOLOSA. DV. El pasado día 6 de febrero se iniciaba en la casa de cultura uno de tantos cursos-terapia para dejar de fumar. Esta vez era impartido por el psicólogo clínico Jesús Muñoz, en colaboración con el departamento de Servicios Sociales del Ayuntamiento. El único objetivo del curso consistía en el deseo ferviente de dejar de fumar y en el abandono del tábaco. Once personas se apuntaron a este curso, que ahora acaba de finalizar.
DV realizó desde el primer día un seguimiento y acudió a algunas sesiones para comprobar la trayectoria de estos cursillistas en su camino por dejar el cigarrillo y también, ¿por qué no decirlo?, para comprobar si este curso-terapia era pura demagogia o efectividad. Pues bien, seis de esas once personas que se inscribieron han logrado el objetivo. Dos personas han reducido el consumo, una tuvo que abandonar por motivos laborales y las otras dos continúan fumando.
Un camino tortuoso
Desengancharse de la adicción del tabaco ha sido para los seis cursillistas que lo han dejado un camino tortuoso. Uno de los primeros deberes que se les marcó en las sesiones fue seguir una tabla de reducción del tabaco aplicada de una forma personalizada según el consumo de cada uno. Fue, sin duda, una tarea que les resultó «muy costosa» acostumbrados a fumar todos ellos paquete y medio o dos paquetes al día.
Sin embargo lo fueron cumpliendo y en las sesiones sucesivas narraban ante sus compañeros los logros conseguidos por cada uno. De este modo, la terapia empezaba a dar sus frutos de una manera agil y extraña y las confesiones de los cursillistas fluían también con naturalidad en las sesiones: «he logrado estancarme en un paquete diario y estoy contento porque ahora sé que puedo reducir el consumo»; «yo fumo once cigarrillos al día desde hace dos semanas y es algo que todavía no me lo creo porque fumaba como un carretero»; «todavía no puedo desprenderme del cigarrillo de después del desayuno pero he conseguido no fumar más a lo largo de la mañana hasta la hora de comer»; «esta semana he salido a la calle sin la cajetilla del tabaco, algo que hace un mes no me lo hubiera imaginado»...
De manera sencilla, explicando triunfos y derrotas (porque también ha habido recaídas) transcurría semanalmente este curso, bajo la atenta mirada de Jesús Muñoz, que observaba y anotaba en silencio los progresos de cada uno y era quien marcaba las pautas y ordenaba las 'tareas' para las siguientes reuniones.
Otro de los pasos importantes y que también costó lo suyo a los cursillistas fue desterrar las ganas de fumar en situaciones problemáticas (de nerviosismo, tensión, discusiones familiares, dificultades en el trabajo, enfermedad...).
Para evitar las recaídas, Jesús Muñoz les indicó que imaginaran por un momento todas esas situaciones sin el 'apoyo' del cigarrillo y cómo se sentirían. Les enseñó también a realizar ejercicios de respiración y relajación para evitar el deseo imperioso de fumar y les propuso llevar siempre a mano algo para picar o masticar como fruta, caramelos, chicles sin azúcar, etc. Pero, sobre todo, les insistió en cumplir un principio, que es el motor del éxito: el autocontrol. «Durante el día hay muchos momentos que inducen a fumar. Algunos ejemplos son los pequeños descansos en el trabajo, la toma del aperitivo, el café... hay que tener cuidado y es algo que hay que aprender a controlar ¿cómo? reflexionando y pensando en los beneficios que reporta una vida sin tabaco. Hay que recordar siempre que el deseo de fumar viene y se va y por eso, debemos desarrollar un plan de actividades alternativas que hay que poner en marcha si aparece el deseo de fumar», les subrayó.
Las seis personas que han conseguido el objetivo se sienten «gratamente sorprendidas y encantadas». El psicólogo añade que «el curso no es ni mucho menos milagroso. Solamente resulta un punto de apoyo muy efectivo para aquellos que verdaderamente quieren abandonar el tabaco y les resulta difícil hacerlo de forma individual. El que duda estará perdido porque será difícil que deje el cigarrillo. Muchas veces el tomar la decisión de no fumar es más 'doloroso' que el hecho en sí de dejar de fumar», dice.
Estas seis personas coinciden en señalar que «además de ganar en salud, obviamente tosemos menos y hemos recuperado también el sentido del olfato y del gusto, hemos descubierto, al mismo tiempo, una sensación de libertad muy grande al no depender del tabaco para todo», manifiestan.