Su barco, el Aitxebi, amarrado en Hondarribia. Su espacio para las clases prácticas está justo detrás de una academia con solera del Antiguo Berri, Jarraitu. Son Pedro Marinero, portugalujo, Fernando Bayo, donostiarra, Aitzol Burguete, patrón con muchas millas navegadas, y Floren Probanza, un soñador de la náutica.
- Recién la abrieron, ¿no?
- El Gobierno Vasco nos homologó la escuela el 30 de enero.
- ¿Homologada? ¿Y por qué?
- Mira, ni te imaginas cómo está cambiando el mundo de la navegación de recreo, de la pesca, del turismo náutico. Cada vez hay más gente que quiere hacerse a la mar. Cada vez hay más normas que regulan el tráfico en el mar. En realidad, hasta para salir a chipirones necesitas todos los papeles en regla. De hecho, hay mucha gente mayor con más conocimientos que nosotros cuatro en cuestión de navegación de litoral, de cartas, vientos y mareas, que viene a clase porque precisa de un reciclado legal y administrativo. Los papeles, la instrucción, el título también son imprescindibles para los pilotos de motos náuticas. Acaso oficialmente no, pero las casas aseguradoras ya han empezado a no aceptarlas en su cartera si el propietario no posee titulación.
- Entonces...
- Espera, espera, hay más. Gente joven que quiere ir a pescar, familias que se compran su barquito... Antes sólo navegaban los aristócratas y los aventureros. Hoy la mar, el barquito de pesca, el velero, la embarcación a motor se han popularizado muchísimo. Tanto como ha pasado con el esquí. O con el ciclismo. Pero claro, por contra...
- Algo malo tenía que haber...
- En Salvamento Marítimo dicen que sus salidas para remolcar barcos a la deriva, en peligro, en problemas, han aumentado espectacularmente. Lógico. Como pasa en la carretera o en las pistas de esquí: hay novatos, hay gente que no sabe que al mar no se le debe perder nunca el respeto. Pero se lo perdemos. Y salimos a navegar sin haber consultado el parte meteorológico, sin haber conectado la radio (o sin saber usarla...) Por eso son necesarios los cursos. Y por eso quisimos homologarnos, para que todo estuviera administrativamente impecable. Pero también hemos abierto nuestra Escuela Náutica para poner a Donostia mirando al mar.
- Pero si los donostiarras estamos de continuo mirando al mar.
- Sin duda, sin duda. La Concha, La Zurriola, Ondarreta, los surfistas, la gente que nada hasta el gabarrón, la Isla, las regatas, los juegos con las olas en el Paseo Nuevo... Ése es vuestro mar. Pero no olvides una cosa: hay otra mar más allá de la barra y la ciaboga. Y esa mar es una puerta magnífica a otros mundos. Si te pones, llegas a Baiona. O a Bermeo. Pronto fondearías en Le Havre. Y en cinco días de navegación estarás ya en Inglaterra... Además, cuando quieras, puedes abarloarte con otros...
- Espere, ¿qué es 'abarloar'?
- Según la Academia, «Situar un buque de tal forma que su costado esté casi en contacto con el de otro barco». Así es, pero en la práctica consiste, casi casi, en formar un camping marino.
- Explique 'camping marino'.
- Las marinas, esas zonas protegidas donde se detienen muchos barcos, con su servicio de seguridad y todo lo demás, funcionan como auténticos parkings. No lo digo ni para bien ni para mal. Es así y punto. Así y caro. Zonas privadas en el mar. Por el contrario, si te abarloas, al final te montas tus días de mar con la gente de los otros barcos. Saltas de uno a otro, compartes charlas en cubierta, cenas un día aquí y otro allá... Y lo bueno que tiene el mar es que por la mañana, cuando decides salir a navegar, vuelves a estar solo. Por cierto, el mundo no se acaba en el horizonte.
- ¿?
- Es que al mirarlo desde la terraza del Aquarium parece que cuando llegues a la línea del horizonte con tu barco caerás hacia abajo, hacia simas abisales.
- Eso creían los marinos que se acercaban peligrosamente a Finisterre. Pero no es cierto, ¿verdad?
- El mundo no se corta en el horizonte, esa magnífica ilusión. El mar, monstruo maravilloso, te puede tragar pero si le respetas, te mimará y sorprenderá. Puedes salir a chipirones, encontrar calas soberbias, coger un avión...
- ¿Un avión en el mar?
- Entiéndeme, hay mucha gente que se va a Grecia o a la costa adriática en avión y allí alquila una embarcación. Teniendo los títulos, sabiendo leer las cartas náuticas, ningún mar nos será extraño, ninguna costa hostil.