Cuando a personas jóvenes de nuestros días les decimos que apenas hace unas décadas la gran mayoría de la juventud donostiarra giraba en torno a las catequesis parroquiales, que era en los locales conocidos como «la juven» donde se reunían las cuadrillas para programar sus planes domingueros, parece les hablamos de comportamientos que no acaban de comprender y los ubican como sucedidos muchos siglos atrás.
Santa María, la Cruz, las Koxkas, el Pudri, el Buenpas, el Carmelo... cada barrio tenía su «juven» y su cine, cuya actividad se compaginaba con la práctica deportiva, con las mañaneras al monte y los bailes de las plazas de Lasarte, Hernani o Rentería, hasta que hicieron su aparición los guateques.
Nuestro relato de hoy está dedicado a la Juventud del Carmelo y Praga, fundada hace casi noventa años en torno a la iglesia de los PP. Carmelitas en Amara.
La bendición del nuevo templo, a cargo del obispo de la diócesis, tuvo lugar el 14 de octubre de 1915 estando representada la reina María Cristina por el alcalde de la Ciudad Conde de Torre Múzquiz.
Al día siguiente, festividad de Santa Teresa, las calles Mayor, Hernani y Urbieta estaban engalanadas como correspondía a las grandes solemnidades. Todo estaba previsto para la celebración de una procesión que, desde el convento de las Carmelitas, en la Subida al Castillo, trasladaría al Santísimo hasta la nueva iglesia de la calle Pedro Egaña pero, al parecer, el Altísimo no estaba por estas manifestaciones externas y mandó sobre San Sebastián una pertinaz lluvia que impidió pudiera celebrarse.
Los actos inaugurales concluyeron el día 16 con una Misa Solemne cantada por el provincial R.P. Ezequiel del Sagrado Corazón y al día siguiente con una Pontifical, oficiada por el obispo Prudencio Melo.
Entre los momentos más importantes vividos por esta iglesia recordamos el que tuvo lugar en octubre de 1922 al celebrarse el tercer centenario de la canonización de Santa Teresa, con asistencia de la reina María Cristina, y cuando el 6 de mayo de 1928 se produjo la coronación del Niño Jesús de Praga, trescientos años después de que fuera entregado a la Orden Carmelitana por la princesa Polixena.
Y en el calendario de actividades anuales, dos fechas a destacar: la celebración de la procesión de la Virgen del Carmen, el 16 de julio, con participación exclusivamente femenina, y la del Niño Jesús, el primer domingo de mayo. Dedicada la procesión del niño Jesús de Praga a los más pequeños, en ella participamos varias generaciones de donostiarras, ya fuera llevados por las correspondientes escuelas y colegios, ya de primera comunión, ya representando a los numerosos ángeles, monaguillos, porteadores de imágenes, pendones, banderas y estandartes que tomaban parte en la misma.
Comenzó a celebrarse el 9 de mayo de 1920 organizada por la Cofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga, siendo muchos, sin duda, los lectores de estas líneas a los que traerán recuerdos las siguientes estrofas:
A tus plantas ¿Oh Niño de Praga¿ / Ya no existe en la vida dolor. / Nuestro pecho de dicha se embriaga. / Nuestro ser se conmueve de amor.
La Juventud del Carmelo se fundó también en torno a los años veinte siendo, por su influencia en los chavales del barrio, obligada referencia para todo amaratarra. A los Padres Gil, Leandro, Tobias, Eulalio, Benardino, Antonio Juaristi... entre otros, deben añadirse nombres como los del primer presidente, Pedro Agustín, o los de personajes populares tales como Alfredo Landa, Gabriel Werkos, Pello Kirten, Elías Querejeta, Carlos Munguía, José Ignacio Montes... que junto a otros miles hicieron posible la andadura del colectivo.
Más allá de los aspectos espirituales, que no es motivo de análisis en este comentario, la Juven del Carmelo se caracterizó por sus hazañas deportivas, sociales y musicales. Su equipo de fútbol playero fue cantera de equipos superiores, y los de baloncesto y balonmano colaboraron a la nutrida exposición de trofeos que lucen en sus vitrinas.
Los montes Gorbea, Ernio, Adarra, Izarraitz... eran nombres muy familiarizados con el equipo de montañismo sin olvidar el tenis, piragüismo, ciclismo y otras actividades que justificaban el comentado atractivo que las distintas juventudes parroquiales tenían en determinadas épocas de nuestra historia.
Tras distintas reformas y periodos de crisis, el local de «la juven» del Carmelo fue reinaugurado el año 1951 y sus salones siguen contando con suficientes alicientes aunque manteniendo tan solo en la memoria de los más veteranos aquellos bancos corridos, de madera, desde los que entre la mayor de las algarabías algunos ilusos pretendían seguir cuanto ocurría en la película que se proyectaba, con tantos descansos como rollos tenía el film, enfervorizados de entusiasmo cuando era cogido el malo y cuando el bueno salvada a la heroína y protagonistas de estruendosos «uuuuuh» cuando los besos no llegaban a consumarse por obra y gracia del correspondiente salvador de almas.
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