Domingo, 2 de abril de 2006
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La democracia, según Berlusconi
Dentro de una semana, las elecciones italianas se reducen a un dilema esencial: ¿Será avalado un régimen tan anómalo e inquietante como el de 'Il Cavaliere'?
La democracia, según Berlusconi
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, gesticula en una comparecencia ante un tribunal de Milán que le ha juzgado por un presunto caso de corrupción. [REUTERS]
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ROMA. DV. Silvio Berlusconi resulta muy gracioso, pero su vertiente escénica eclipsa una realidad alarmante, compleja de explicar, árida de leer y difícil de creer. Y que no es para reírse. Elegido en 2001 por mayoría absoluta al frente de una coalición de centro-derecha, el primer ministro italiano ha forjado en cinco años una forma de entender el gobierno plagada de irregularidades, por decirlo de forma suave. En su biografía ya había material para derribar varios gobiernos, pero como primer ministro ha completado una distorsión democrática que ahora toca juzgar a los italianos, llamados a votar el 9 y 10 de abril. Ha sido un Ejecutivo insólito para un país europeo que puede terminar de reafirmarse o ser liquidado, como preveía el periodista Indro Montanelli: «Sólo hay un modo de acabar con Berlusconi, dejémosle gobernar y los italianos comprenderán». La alternativa es la coalición de centro-izquierda de Romano Prodi, favorito en los sondeos.

CONTROL DE LOS MEDIOS

Ya en 1994, cuando ganó las elecciones y sólo duró seis meses, Berlusconi era el hombre más rico de Italia y poseía las tres grandes cadenas privadas. Como si en España el presidente del Gobierno fuera dueño de Antena 3, Tele 5 y Canal Plus. Mientras en toda Europa se impedía la propiedad de más de un canal, su amistad con Bettino Craxi, primer ministro en los 80, y la ineptitud del Gobierno de izquierda entre 1996 y 2001 hicieron posible una situación única en el mundo. En cinco años, ha añadido a esta hegemonía el control de las tres cadenas públicas de la RAI. El 77% de los italianos se informa sólo por televisión. El informativo más visto es el de Canale 5, de Berlusconi. A mediodía, dura sólo 20 minutos y luego da paso a una receta de cocina. El segundo más seguido es el informativo de RAI1. Su director es un ex empleado del magnate.

JUICIOS, MAFIA Y CORRUPCIÓN

Las noticias sobre los juicios de Berlusconi o sus colaboradores son imposibles de seguir a través de la televisión. Además de que su seguimiento es escaso, son procesos muy complejos que requieren mucha información. Pese a sus graves implicaciones, es improbable que un italiano medio sepa explicar en qué consisten los casos SME o Mondadori. Es muy fácil: un abogado del primer ministro, Cesare Previti, sobornó a un juez con su dinero. Esta simple frase raras veces ha sido oída en televisión. No ha habido en estos años un solo reportaje, por ejemplo, sobre las relaciones entre el brazo derecho de Il Cavaliere, Marcello Dell'Utri, y la Mafia, aunque fue condenado a nueve años de cárcel en 2004. «Era el enlace entre Fininvest (el holding de Berlusconi) y la Mafia», dijo la sentencia del Tribunal de Palermo. Se trata de un tema tabú, como tantos otros, y su mención se define como «ataque político».

Tanto Previti, condenado varias veces, como Dell'Utri han continuado siendo senadores. También siguen en su puesto un total de 24 parlamentarios condenados por algún delito, la mayoría de Forza Italia. El relativismo que impera en Italia haría parecer a Einstein un aficionado a los crucigramas.

LEYES A LA MEDIDA

La perniciosa confusión entre lo público y lo privado es uno de los rasgos distintivos de estos cinco años. Nada más llegar al poder, el primer ministro permitió construir en la hermosa y protegida costa de Cerdeña para levantar su lujosa villa con anfiteatro griego de imitación. Luego la declaró bajo secreto de Estado cuando un juez intentó investigar la perforación de un túnel de acceso para lanchas. El Parlamento se ha convertido en un instrumento más de los intereses de Berlusconi, sobre todo en el campo judicial. Sus abogados y los de sus amigos son también diputados, y mientras por la mañana en el juzgado demoran sus procesos con ardides legales en pos de la prescripción, por la tarde proponen y aprueban leyes en el Congreso que al día siguiente usarán a favor de su cliente en el tribunal.

Al menos seis leyes han interferido o bloqueado procesos de 'Il Cavaliere'. Que de paso haya beneficiado a mafiosos u otros delincuentes es un daño colateral. Mientras en EE UU se endurecía la falsificación contable de las empresas tras el caso Enron, y Parmalat era la mayor quiebra de la historia mundial, Berlusconi la despenalizaba para salvarse en cuatro procesos, cerrados así bajo su mandato. En Italia hay ocho millones de causas pendientes, por una Justicia anquilosada, pero se ha reducido el plazo de prescripción de delitos, mecanismo que al primer ministro le ha salvado tres veces.

CONFLICTO DE INTERESES

En total, el Gobierno ha aprobado al menos quince leyes que benefician directamente a su primer ministro. Cándidamente, il Cavaliere ha admitido que en cuatro ocasiones ha salido del Consejo de Ministros para evitar el conflicto de intereses, cuando votaban asuntos relacionados con sus empresas. De este modo, se bromea en Italia, el problema se arregla yendo un momento al baño. Berlusconi considera la evasión fiscal «un derecho natural» y su ministro de Economía, Giulio Tremonti, su ex asesor fiscal, ha emprendido una quincena de amnistías fiscales que han reportado millones de euros a sus empresas. El escudo fiscal de 2002 fue una gran operación de reciclaje legal: permitió el retorno a Italia de cualquier fortuna, sin aclarar su origen, para quien, como Berlusconi, por no hablar de la Mafia, tuviera fondos ocultos en el extranjero. Su imperio es tan amplio que cualquier decisión, de los seguros a la construcción, del fútbol a la televisión, toca sus intereses. Por eso, al margen de leyes, la influencia de una red de poder que llega a todas las esferas económicas es mucho más vasta y opaca. El jefe del Gobierno prometió resolver en 100 días su conflicto de intereses. Han pasado cinco años.

CENSURA

Como síntesis, resume bastante bien la situación el caso de Sabina Guzzanti. Esta cómica, luego famosa por Viva Zapatero, estrenó un programa satírico en noviembre de 2003 comentando dos noticias: una, que Italia ocupaba el puesto 53 del mundo de libertad de prensa, tras Albania y Madagascar, y, dos, que el Gobierno iba a aprobar un decreto para impedir que Rete 4, una de las tres cadenas de Berlusconi, pasara a emitir en satélite como pedía el Tribunal Constitucional desde 1994, con una prórroga posterior a 2004. «¿No lo habéis visto en el telediario? Bueno, imagino que si lo hubiérais visto no estaríamos en el puesto 53», dijo Guzzanti. Su programa, que disparó las audiencias, no pasó de aquella primera entrega. Pasó a engrosar la lista de cómicos y periodistas vetados. El Gobierno aprobó en Nochevieja el decreto salva Rete 4. Berlusconi salió un momento del Consejo de Ministros.



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