ORMAIZTEGI. DV. Un cartel a pie de aparcamiento con una flecha y la palabra Kontzertua, colocado junto a decenas de autobuses, marcaba la dirección a tomar. Pero, en esta ocasión no era el marco habitual para un concierto de una orquesta de cámara. Sorprendente. La flecha conducía a un taller-pabellón en el que a diario se fabrican los autocares que llevan el nombre de Irizar por las carretera del mundo. Un amplio local en que hacía unas pocas horas se seguía con el proceso de fabricación.
A pie de empresa, José Antonio Aizpuru, presidente de la misma, iba recibiendo a las muchas personas que se acercaron hasta la factoria ormaiztegiarra a oir un concierto 'especial' en un ambiente muy diferente.
La puesta en escena era tan original como el lugar del concierto, el chasis de un autocar al que se le habían colocado sillas y atriles para los 15 músicos de la orquesta de cámara Et Incarnatus. Casi en la medianoche del viernes, el primer atril, el de Miguel Zeberio que dirige la orquesta, se colocaba a modo de chófer del autobús, en la estructura que habitualmente corresponde en el montaje a la parte de delantera del mismo.
Miguel Zeberio condujo musicalmente el 'autobús' y llevó a todos los asistentes por tierras de Escandinavia, para finalmente recalar en las composiciones tradicionales tolosarras.
Era un concierto de primavera; así rezaba el programa Udaberria 'una primavera especial', como señaló el director de la orquesta quien fue realizando un comentario previo a cada una de las obras a interpretar, partituras con origen en Suecia, Noruega y Finlandia.
El monótono y machacón ruido de la maquinaria neumática (atornilladoras, taladros...), de los martillos que a diario toman esa zona del taller era sustituido por el que brotaba de la caja de los violines, del chello y del contrabajo y todos ellos suavizados con el del arpa, a los que se unieron los de las trompetas. Una conjunción que resultó extraordinaria.
Efectos especiales
Cada página musical tenía su propio guión no sólo en el papel pautado, también en los efectos especiales que se le añadían, con un extraordinario juego de luces.
La zona destinada al público quedó repleta, hubo quien tuvo que seguir de pie el concierto que se alargó por más de una hora.
Trabajadores de taller de distintos gremios, directivos, administrativos, familiares de los trabajadores,... se entremezclaban y si a diario van al unísono por el mismo objetivo empresarial, el viernes por la noche la música era el nexo entre los asistentes.
Xabin, electricista de Irizar, con varias décadas de trabajo a sus espaldas, señalaba que «fue un placer escuchar a la orquesta en el pabellón de montaje de autobuses. Es darle al puesto de trabajo, otra dimensión distinta de corte cultural».
Gorka, cuya misión en la empresa es ir colocando las 'tapas' de los autobuses en una de las cinco líneas de fabricación veía «muy bien que este tipo de actividades culturales se lleven a cabo en los pabellones de la empresa. Una vez más Irizar es pionera» .
Ángel es uno de los pintores de los autobuses, máquina de fotos en mano no quiso perderse la ocasión y tirar unas cuantas fotos del taller convertido en auditorio y lo decía contento: «Esto es algo nuevo y veo muy bien que un taller por unas horas se convierta en centro de actividad cultural, es algo muy agradable que podría ser tenido en cuenta por otras empresas».
El concierto enmarcado en ese apoyo que la empresa ormaiztegiarra viene realizando en el terreno cultural conmemora en parte el X aniversario del Et Incarnatus.
A modo de regalo especial interpretaron una selección de las populares piezas del carnaval tolosarra con lo que se bajó el telón en el improvisado auditorio. Los aplausos llenaron la nave.