Volvieron ayer los sonidos jazzeros al Kursaal y los protagonizó el avezado soplador usamericano Dick Oatts, que se presentó en formato de cuarteto, con el apoyo de dos colegas de sangre italiana presentes desde hace tiempo en su producción, más el batería catalán Miralta. La tarde sabatina estaba plagada de acontecimientos de toda índole y la afición jazzística brilló más bien por su ausencia.
Posee el músico de Iowa un excelente tono alto, muy personal, y un innato sentido del swing y de la emoción. No copó nunca espacios ni abusó un minuto de su papel como líder, trabajando largos ratos en excelentes dúos con la trompeta, dejando sitio propio a cada instrumento o pespunteándolos de lejos, fuera de micro.
La sesión arrancó con el culebreo melódico de King Henry, pieza de South Paw, último disco de Oatts. Prosiguió más reposadamente fluida en Barnacle Bill, con lucimiento de cada uno de los instrumentistas y sutil remate de Miralta a manos desnudas.
Rojo encendido acabó Oatts en su trance de la triste balada In Pussing, antes de que el recital explotara animadamente festivo con Empathizing Eric. En Reverse Locomotion, y haciendo honor al propio título, el cuarteto se desmelenó en nerviosa carrera y fogosas réplicas entre ambos sopladores. Quedaba aun la romántica despedida, con engrasado ensamblaje rítmico de fondo. Una redonda sesión de buen jazz clásico.