SAN SEBASTIÁN. DV. David salió de su casa de Lasarte-Oria a las ocho de la tarde del pasado viernes. Como suele hacer otros fines de semana, se juntó con siete amigos, todos ellos de entre 20 y 22 años, y compraron «tres botellas de ron y cuatro de coca-cola» en un súper. El kalimotxo no les «sienta bien», aseguran. También adquirieron vasos de plástico, «pajitas y hasta cubitos de hielo». No les faltaba de nada. Perdieron el autobús y cogieron un taxi en dirección al macrobotellón convocado en la plaza de Zuloaga de Donostia.
Como otros jóvenes, al llegar se toparon con el vallado y la presencia de la Policía Municipal en la conocida plaza de la Parte Vieja de Donostia, donde no había un alma. En cumplimiento de la prohibición dictada, el macrobotellón había fracasado. Pero no los habituales botellones espontáneos en lugares como el Paseo Nuevo y la zona del Puerto de Donostia. «Estaba lleno de gente. Por lo menos, en el Paseo Nuevo había más de doscientas personas agrupadas en cuadrillas», asegura el joven de Lasarte-Oria.
Sentados en el muro del rompeolas y en el bidegorri, David confiesa que «nunca había visto tanta gente haciendo botellón un viernes por la noche». En la esquina con la plaza Zuloaga, los municipales hacían guardia y, de paso, realizaban control de alcoholemia. «En otras ocasiones, también hemos intentado beber en la plaza Zuloaga, pero siempre hay una pareja de municipales que no dejan. El viernes, nos dijeron que en el Paseo Nuevo sí se podía».
En los corrillos de litrona y bolsa de súper, «había gente de Irún, de Donostia, de Lasarte-Oria»... Apenas hubo incidentes. «Recuerdo que un joven se puso a insultar a la Policía Municipal y volcó un container, pero otros chavales enseguida lo levantaron». Poco antes de las tres de la madrugada, la cuadrilla de David optó por «seguir la juerga» en los bares de la Parte Vieja «donde había más gente de lo normal».
Mientras David y sus amigos apuraban sus cubatas de ron caseros en el Paseo Nuevo, la cuadrilla de Arkaitz, un joven de 21 años de Gros, hacía lo propio con siete litros de kalimotxo en la zona del Puerto. «Compramos todo en el mismo súper de siempre, pero esta vez nos pidieron el carné y nos apuntaron los datos», señala.
Menores en el Puerto
Antes de acudir al Puerto, Arkaitz se pasó por la plaza Zuloaga. «Un municipal me dijo que una ordenanza prohíbe beber en la calle, por las molestias que se ocasionan a los vecinos. Yo le dije que a 50 metros de allí, en el Puerto, había un montón de menores bebiendo y nadie hacía nada. Junto a nosotros se puso a beber una cuadrilla que no tenía 18 ni de lejos», cuenta el joven de Gros.
Se da la circunstancia que «en las zonas portuarias de cualquier ciudad, la responsabilidad de limpieza y seguridad no es competencia del Ayuntamiento», como recordó el alcalde Odón Elorza. Arkaitz señala que «a pocos metros del Ayuntamiento, cerca del Puerto, había varias dotaciones de la Ertzaintza, pero en ningún momento actuaron». El joven de Gros también observó «más gente que nunca» en el Puerto haciendo botellón. También más suciedad porque «pocos recogen» después de apurar el alcohol.
«Nosotros solemos beber en el local aunque hay veces que también compramos litros y los tomamos en la calle». ¿La razón? El bolsillo. «No pagar los seis euros que te cobran por cada copa en los bares», afirma David, el joven de Lasarte-Oria. Para Arkaitz, las horas en torno al botellón, «son las mejores, porque son momentos en los que estás tranquilo conversando con los amigos».
Botellones alternativos se repitieron también ayer por la noche en el Paseo Nuevo y la zona del Puerto. No obstante, en el cuarto de socorro del centro de la capital no atendieron ninguna intoxicación etílica. «Nos preocupa más lo que pueda ocurrir con los aficionados al rugby después del partido del Biarritz en Anoeta».