SAN SEBASTIÁN. DV. Gipuzkoa hierve en proyectos de nuevas infraestructuras. Quizá nos encontremos en un momento sin precedentes. El tren de alta velocidad (TAV), la autopista Eibar-Vitoria y la mejora del aeropuerto de Hondarribia suman inversiones gigantescas desconocidas por estos pagos, a las que quizá habrá que añadir la ejecución del nuevo puerto de Pasajes.
Sin embargo, no llueve a gusto de todos. A cada proyecto que se quiere iniciar en Gipuzkoa le surge una plataformas (o varias) en contra. No importa que la infraestructura sea grande (el TAV), mediana (incineradora) o pequeña (un tanatorio en Trintxerpe). A todas les ha salido una fuerte contestación ciudadana.
La situación no es exclusiva de Gipuzkoa. Los expertos en movimientos sociales definen el fenómeno con una frase: «No en mi patio trasero». Así se quiere expresar la paradoja existente entre una ciudadanía que exige que le resuelvan problemas como el de la basura y tener a su disposición todo tipo de infraestructuras, pero sin padecer ninguna de las molestias que originan.
Hay opiniones para todos los gustos. Para unos, las coordinadoras son necesarias como medio de presión y así evitar desmanes sociales o ecológicos. Para otros, dificultan el desarrollo de los proyectos hasta la extenuación. El hecho claro es que condicionan la actividad política, máxime en épocas cercanas a elecciones. Este es el momento actual. El próximo año tendrán lugar los comicios forales y municipales, y los responsables políticos se lo piensan una y mil veces antes de iniciar proyectos que puedan provocar la contestación ciudadana.
Las plataformas, por tanto, ¿son un lastre para el desarrollo de Gipuzkoa o un instrumento de control necesario? Esta es la pregunta que hemos trasladado a ex cargos institucionales, ecologistas y personas que han tenido una relación estrecha con estos movimientos. Para la elaboración de este reportaje no ha sido posible contar con la opinión de ningún político en activo, hecho que prueba por sí mismo hasta que punto los cargos públicos temen enemistarse con estos colectivos.
«Intereses particulares»
Antxon Jaime fue diputado foral de Carreteras en la pasada legislatura. Al frente de este departamento, y anteriormente como director del mismo, tuvo que bregar con múltiples plataformas. Ahora, alejado de la primera línea de la gestión política, reconoce que algunos de estos grupos le complicaron «bastante la vida».
Jaime, no obstante, explica que no se puede generalizar. «No todas las coordinadoras tienen la misma problemática y no todas abordan los problemas con el mismo espíritu. Es cierto que en muchas ocasiones defienden intereses particulares de sus miembros, de gentes próximas a ellos o intereses colectivos, pero que chocan con los intereses generales. Este tipo de plataformas son muy negativas y paralizan los proyectos o dificultan su desarrollo».
En otros casos, añade el ex diputado foral, «te encuentras con coordinadoras cuyos planteamientos son más respetuosos y pueden ser hasta positivas. Tengo buen recuerdo, por ejemplo, de la formada por los vecinos de Loyola (Donostia), opuestos al proyecto de la autovía del Urumea. Plantearon una serie de cosas que se aceptaron y son las que se van a realizar. Hubo diálogo y lograron el túnel que se va a hacer paralelo al ferrocarril».
Jaime explica que en Gipuzkoa se dan unas circunstancias que pueden favorecer la aparición de este tipo de movimientos. «Somos en general bastante sensibles a los proyectos públicos y también tenemos el sentido de la propiedad muy interiorizado. Además, vivimos en un territorio de suelo escaso y la ocupación del mismo plantea más problemas que en otros lugares. Cualquier actuación que hagamos tiene beneficios generales, pero también inconvenientes para unos colectivos o personas concretas. Creo que hay que tener el suficiente sentido de responsabilidad social como para aceptarlas», concluye Jaime.
«Respaldo social»
Juantxo López de Uralde, director de Greenpeace en España, opina que la aparición de movimientos de oposición a los proyectos públicos proyectados en Gipuzkoa surgen por causas justificadas. «Hay hechos objetivos. Nos encontramos ante un territorio pequeño, excesivamente humanizado y con una saturación de infraestructuras. Los guipuzcoanos tienen un nivel cultural elevado y protestan ante la reducción del espacio verde, reclaman una mayor calidad de vida».
López de Uralde afirma que las coordinadoras constituidas en Gipuzkoa «tienen bastante respaldo social. No hablamos de grupos minoritarios, representan a sectores de población importantes. Esto es lo que veo en los trabajos que conozco».
Por lo que respecta a la posible paralización de proyectos necesarios para el desarrollo, el director de Greenpeace explica que en Suiza recientemente, ante una situación parecida a la de Gipuzkoa, «el gobierno planteó un referendum sobre un plan de infraestructuras y la población dijo que no. Es decir, no necesariamente el desarrollo de un territorio, llegado ya a un nivel determinado de infraestructuras, requiere seguir apostando por el mismo modelo para mejorar el nivel de vida. Quizá a partir de un determinado nivel la gente da más prioridad a la calidad de vida y al respeto al medio ambiente».
López de Uralde estima que el desarrollo de infraestructuras y el respecto al entorno son compatibles. «No obstante -añade el ecologista donostiarra-parece que las infraestructuras en muchas ocasiones se han convertido en un fin en sí mismas, en lugar de responder a una necesidad. Este es el caso del puerto exterior de Pasajes. Los estudios económicos que yo conozco hablan de que su viabilidad es más que dudosa. Y, sin embargo, hay mucho interés por parte de ciertas instituciones de que eso vaya adelante».
«Radicales y utópicas»
Xabier Garmendia fue viceconsejero de Medio Ambiente y ahora trabaja como consultor en temas medioambientales. En la actualidad, asesora a la Diputación en el Plan de Residuos de Gipuzkoa, que incluye la incineración de parte de los mismos. «Estoy a favor de las plataformas, cuando se plantean como mecanismos de participación social y complementan la actuación de las instituciones. El problema -añade Garmendia- estriba en que en Gipuzkoa ha existido históricamente un peso muy fuerte de sectores políticos radicales que no han podido hacer nada en política. Han quedado descolgados y se refugian en ámbitos de esta naturaleza. La mayoría de los que están en los bizirik te los encuentras en mil guerras y batallas que vienen ya de los tiempos de maricastaña».
En opinión de Garmendia, cuando las plataformas son estrictamente sociales «se dedican a intentar resolver el problema que les afecta y, además, suelen plantear alternativas. Esto no ocurre con las ideologizadas. Son tan radicales y utópicas que muchas veces acaban por taponar los proyectos. Su objetivo no es mejorar una infraestructura, sino hacerse presentes en la vida política de una manera distinta a la articulada en las sociedades democráticas. Son grupos que ejercen de tapón y que no ayudan a resolver nada, todo lo contrario».
«Bien democrático»
Juan Mari Beldarrain, histórico miembro del grupo ecologista Eguzki, activista en mil batallas, defiende a ultranza la existencia de coordinadoras. «No me atrevería a decir que en Gipuzkoa haya una proliferación. En todo caso, su actividad se debe a que los ciudadanos no se sienten suficientemente defendidos por los partidos políticos o, incluso, por los movimientos ecologistas».
El miembro de Eguzki afirma que las plataformas «son un termómetro indicativo de la buena salud del tejido social guipuzcoano. Es un bien democrático, saludable y liberador que los ciudadanos se preocupen de las cosas públicas. Creo que es más democrático participar en coordinadoras que el hecho restringido de ir a votar cada cuatro años».
Beldarrain señala que Gipuzkoa es un territorio propicio al nacimiento de plataformas. «Tenemos poco espacio y está densamente poblado. Las nuevas infraestructuras agravan esa densidad y es lógico que los ciudadanos se organicen para defender lo poco que les queda de naturaleza. Es normal que proyectos como el TAV, las incineradoras, el puerto exterior o las múltiples autopistas encuentren oposición».