BRASILIA. DV. La reforma ministerial consumada ayer por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, es la tercera en sus 39 meses de gestión, en los que ha perdido a varios de los más cercanos compañeros de su vida política. Lula reformó su gabinete para la recta final de su gobierno presionado por ocho ministros que renunciaron para aspirar a algún cargo público en las elecciones del 1 de octubre próximo. El nuevo gobierno revela, para muchos analistas, la soledad que rodea al jefe de Estado después de su giro al centro, los escándalos de corrupción que le atormentan desde el año pasado y los apetitos electorales de sus antiguos compañeros.
Lula cambió a los titulares de Defensa, Desarrollo Agrario, Deportes, Integración, Pesca, Relaciones Institucionales, Salud y Transporte, en su mayoría sustituidos por técnicos que ejercían hasta ahora como viceministros.
Todos los dimisionarios aspirarán a cargos en gobiernos regionales o en el Congreso en las elecciones del próximo mes de octubre, en las que además será elegido un nuevo presidente, y tenían plazo hasta hoy para renunciar a sus funciones.
Fuentes oficiales dijeron que Lula intentó retener al menos al ahora ex secretario de Relaciones Institucionales, Jacques Wagner, un veterano dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) que se negó, pues está decidido a ser candidato a gobernador de Bahía.
Wagner será reemplazado por Tarso Genro, ex ministro de Educación hasta el año pasado y abandonó ese cargo para asumir por tres meses la presidencia del PT, en medio de los escándalos que descabezaron la formación. EFE